El regreso a la universidad podría ser una pesadilla epidemiológica

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Una vez se dio a conocer la gravedad y el alcance del brote del coronavirus fueron las universidades las primeras en responder cuando gran parte del mundo entró en confinamiento para detener la propagación de la enfermedad.

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que los jóvenes tenían menos probabilidades de morir por la enfermedad, las instituciones educativas tomaron la decisión de continuar con el año escolar de manera virtual, sin embargo, ahora, tres meses después de aislamiento social, las instituciones buscan soluciones que les permitan continuar con la educación de sus estudiantes, pero que a la vez puedan garantizar la salud pública y  su propio bienestar económico.

De acuerdo con las provisiones de expertos financieros, la educación superior tardaría décadas en recuperarse de tales pérdidas e interrupciones. Debido a la fácil propagación del virus entre personas, es muy factible que el regreso a las clases presenciales conduzca a un rebrote del coronavirus; en Fort Benning, Georgia, donde el Ejército entrena reclutas, solo cuatro de 640 reclutas dieron positivo para COVID-19 cuando llegaron esta primavera, pero en unas pocas semanas después más de un centenar se infectaron.

El aprendizaje en línea a pesar de ser un método poco eficiente, o por lo menos así lo han calificado los estudiantes, es hasta ahora, la mejor manera de continuar con el aprendizaje al mismo tiempo que se evita el contagio del virus.

De regresar a las aulas de clase, las universidades no tienen la capacidad para garantizar que los estudiantes permanezcan a 6 pies de distancia, como se está establecido, por tal motivo, una vez las instituciones de educación superior reabran sus puertas, se prevé que las aulas podrán contener solo una pequeña fracción de su capacidad habitual y, las enormes salas de conferencias con capacidad para cientos de estudiantes, ahora solo pueden albergar con seguridad unas pocas docenas, dispersas entre filas de asientos vacíos.

Teniendo en cuenta que millones de estudiantes podrían retomar las clases en otoño, las autoridades de salud afirman que no es la mejor decisión que las instituciones de educación puedan tomar, porque para los jóvenes, regresar al campus es sinónimo de encuentros entre amigos, salidas, etc. El virus se propaga rápidamente entre los estudiantes, que en su mayoría se recuperan rápidamente o son completamente asintomáticos, esto los convierte en el mayor peligro para las personas mayores, quienes pueden adquirir el virus de manera desapercibida.

Los jóvenes son más reacios a tomar las medidas de seguridad, se sienten seguros e incluso, ignoran la gravedad del virus, así que, la preocupación de las autoridades sanitarias es, que una vez las clases presenciales retomen su rumbo, se presente un aumento en las cifras de contagios, de hecho, el regreso de los estudiantes al campus  crearía enormes riesgos para la sociedad, sería algo así como una pesadilla epidemiológica.

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