La economía de El Salvador cada vez más inestable debido al Bitcoin

Después de una arriesgada iniciativa al convertir a bitcoin en una moneda de uso legal en el Salvador, el país se ha visto impactado por una crisis económica que podría llevarlo al colapso.

El año pasado El Salvador y su presidente Nayib Bukele fueron noticia en todo el mundo por convertirse en la primera nación en incorporar una criptodivisa como moneda legal, que en este caso obedece a bitcoin.

La decisión, que tuvo un intenso debate, polarizado por su puesto, entre quienes veían en esta iniciativa una solución definitiva a la situación económica del país y por el otro lado, aquellos que lo calificaron como ‘una completa locura’.

Cinco meses después de la adopción oficial de esta criptomoneda, los expertos han estimado que el crédito soberano de El Salvador empeoró cuatro veces de lo que era antes de la medida.

La extrema volatilidad de Bitcoin también ha estado en plena exhibición, ya que su precio rondaba los $60 mil dólares en el momento de los grandes anuncios de Bukele, pero ahora se ha desplomado a mediados de los $40 mil.

“El Salvador ahora tiene la deuda soberana más angustiada del mundo, y es debido a la locura de Bitcoin”, dijo a Fortune Steve Hanke, profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins. “Los mercados piensan que Bukele se ha vuelto loco, y lo ha hecho”.

Las razones del temporal fracaso

Teniendo en cuenta la situación actual, se podría decir que, de momento, la estrategia adoptada por Bukele es un fracaso, y hay muchas razones que lo han llevado a ello.

La principal que el bitcoin no solo es inestable, sino hipersensible a fuerzas ajenas al mercado. Un meme de Elon Musk es capaz de bajar su valor un 5% y hace dos semanas cayó un 8% por las protestas en Kazajistán.

Esto dado que el presidente de ese país, Kasim-Yomart Tokáyev, autorizó a las fuerzas de seguridad a “disparar sin previo aviso” y bloqueó internet para toda la población, dejó cientos de muertos en la calle y 88.000 criptomineros fuera de juego, el 14% de la infraestructura total del bitcoin.

Hace un año, tres cuartas partes de la red bitcoin estaban concentradas en China. Cuando el partido comunista la prohibió, parte del éxodo se instaló en Kazajistán, convirtiendo a la antigua república soviética en el segundo centro de minería de bitcoin más grande del mundo.

Todo esto, ha sido un cóctel explosivo para la realidad que hoy se vive en el país centroaméricano por el activo digital. Sin embargo, una mirada debajo del capó reveló que muchos salvadoreños simplemente no confían en el token, lo que llevó a un uso limitado del mismo.  

Bukele también vendió la legislación con la idea de que bitcoin abarataría las remesas (dinero enviado por amigos y familiares que trabajan en el extranjero). Sin embargo, a menudo era cierto lo contrario.

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Esto se debe a que los ciudadanos suelen convertir el bitcoin en efectivo después de recibirlo. Para hacer eso, necesitan ir a un cajero automático, que se lleva una parte sustancial del dinero retirado. Las plataformas de intercambio como Coinbase también toman entre dos y cuatro por ciento del dinero.

El futuro

Ya es un hecho que la pérdida de valor del bitcoin en los últimos meses abrió un agujero de hasta 20 millones de dólares en las arcas públicas salvadoreñas.

Según estimaciones de Bloomberg Bukele ha comprado como mínimo 1,391 bitcoins con fondos públicos. Eso quiere decir que El Salvador desembolsó 71 millones de dólares a un precio de compra de unos 51.056 dólares por bitcoin, aunque no se sabe con certeza, porque no hay datos oficiales.

Teniendo en cuenta que se estima que Bukele no ha vendido ningún activo en bitcoin, y que desde que se efectuó la operación el precio de la criptodivisa ha caído a mínimos de los últimos tres meses, esto quiere decir que las arcas públicas han perdido un 14% de su valor.

Al mismo tiempo, la deuda del país no deja de crecer, en parte para hacer frente a las necesidades ligadas a la crisis del COVID-19. Según el Fondo Monetario Internacional, el endeudamiento bruto de El Salvador podría alcanzar el 98,6% de su PIB en los próximos cinco años. Y si no tiene capacidad de pago, será un auténtico problema.

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