En el 2022 Latinoamérica alcanzaría los 28 millones de desempleados

El proceso de recuperación del mercado laboral en la región de Latinoamérica y el Caribe se muestra como un proceso lento. Tanto, que para el 2022 se estima que la cifra de desempleados llegue a 28,8 millones.

Después de dos años del inicio de la pandemia por el coronavirus, todos los países alrededor del mundo aún siguen buscando salvavidas para poder sacar a flote sus economías, aunque la ‘recuperación’ se haya reanudado desde el 2021.

Por supuesto, que una de las regiones que ha sufrido las más fuertes consecuencias de este fenómeno es América Latina y el Caribe, marcando como consecuencia una fuerte caída del mercado laboral.

Así lo ha indicado la ONU a través de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que según su informe recientemente publicado señaló que en esta zona se alcanzará la suma de 28,8 millones de desempleados para el 2022.

Y, aunque esta cifra significaría una caída frente a los 30,1 millones de desocupados para el 2021, es una situación engañosa. Dado que, si se compara con los datos de 2019, año de prepandemia, evidenciaría un aumento de 5,8 millones, que para aquel entonces se encontraba en 24,3 millones.

Asimismo, el estudio explica que la región fue la más gravemente azotada por el coronavirus en 2020, con altos niveles de contagio y mortalidad. Provocando una caída del 7,5% del Producto Interno Bruto, y un descenso de la ocupación equivalente a 36 millones de empleos de tiempo completo.

Lo que se espera para el 2023

En estas circunstancias, de acuerdo con lo establecido por la agencia laboral mundial, se espera que esta situación comience a desacelerarse en 2023, cuando se proyectan alcanzar los 27,6 millones de desempleados.

Todo esto, en un contexto en el que el empleo informal tampoco fue una opción, pues las restricciones a las que nos hemos visto obligados impidieron la reasignación de desempleados a este sector, lo que en ocasiones anteriores funcionaba como una fórmula de ajuste del mercado laboral.

Incluso, según la OIT, en esta ocasión, en vez de quedar desempleados o pasar a la informalidad como en crisis anteriores, los trabajadores despedidos o los que operaban de manera independiente abandonaron la fuerza laboral.

La publicación también advierte que el cierre y la desaparición de millones de PYMES en la región auguran una recuperación del mercado laboral más lenta que el repunte económico, al igual que un deterioro en la calidad del empleo.

El panorama a nivel mundial

En lo que concierne a la situación global, la Organización Internacional del Trabajo estima que la recuperación del mercado laboral será lenta e incierta dada la persistencia de la crisis del COVID-19 y calcula que el déficit de empleos en 2022 equivaldrá a 52 millones de puestos de trabajo de tiempo completo con respecto a 2019.

El director general de la OIT, Guy Ryder, dijo en una entrevista con Noticias ONU que la revisión a la baja “tiene que ver principalmente con el impacto continuo de la pandemia, en particular, con la aparición de la variante ómicron y todo lo que ha implicado”.

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“Muestra que nuestro proceso de recuperación es incompleto, claramente incompleto. Es incierto porque aparecen muchos riesgos a la baja y es muy desigual. Éste es un punto importante. A algunos países les está yendo relativamente bien, a otros no tanto, y eso tiene repercusiones importantes para los problemas de desigualdad y la recuperación global correctamente entendida”, apuntó.

Al mismo tiempo, el estudió reveló que con toda esta situación las diferencias son cada vez más marcadas tanto en grupo de trabajadores como entre países, dentro y fuera de ellos. De este modo reveló que el panorama más negativo corresponde a Asia Sudoriental y América Latina y el Caribe.

Esto, en contraposición con los países de Europa y América del Norte que tienen unos patrones de recuperación mucho más rápidos y alentadores.

Ryder atribuyó los diferentes grados de impacto de la crisis en los países a dos razones: la primera, por el despliegue desigual de los programas de vacunación. Y la segunda, porque las naciones más ricas, han podido inyectar recursos para estimular su economía, proteger a los trabajadores, apoyar empresas y atraer demanda de inversión.

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