Guantánamo: 20 años de la invasión yankee en Cuba

El centro penitenciario, diseñado para ser el más seguro del planeta, vio llegar a los primeros reclusos, arrastrando los pies con sus monos naranjas. Sospechosos de terrorismo y calificados como "criminales extraordinariamente peligrosos".

Esta semana se cumplieron 20 años desde la apertura de la prisión de la bahía de Guantánamo, en Cuba.

Este centro de reclusión, dicen algunos expertos es uno de los que mejor tiene vigilancia en el mundo.

Pero desde su creación, se ha visto manchado por acusaciones de tortura y de violaciones de derechos humanos. Durante su campaña, el presidente Joe Biden prometió cerrar la cárcel, algo que los activistas por los derechos humanos reivindican desde hace años.

La historia de Guantánamo

Fue un 11 de enero de 2002, que la prisión de Guantánamo abrió sus puertas al mundo.

El centro penitenciario, diseñado para ser el más seguro del planeta, vio llegar a los primeros reclusos, arrastrando los pies con sus monos naranjas. Sospechosos de terrorismo y calificados como «criminales extraordinariamente peligrosos».

Los primeros 20 prisioneros ingresaron a la base localizada en el sureste de Cuba, donde más tarde verían sus derechos humanos seriamente violados.

El presidente de aquel entonces George W. Bush, anunció una «guerra contra el terrorismo» y, efectivamente, los principales sospechosos de los atentados del 11-S, que costaron la vida a 3.000 personas, desfilaron ese día por la entrada de la prisión.

Violación de derechos humanos

En la Bahía de Guantánamo los reos no gozaban de las leyes y garantías básicas aplicadas en Estados Unidos, no tenían derecho a las visitas de abogados y familiares y la Convención de Ginebra no era aplicable. En Guantánamo todo valía, se lee en un informe especial de france24.com.

«Veinte años después, el gobierno de Estados Unidos sigue perpetuando graves violaciones de derechos humanos en la bahía de Guantánamo», declaró Amnistía Internacional el pasado 7 de enero, mientras pedía al presidente Joe Biden que «cumpla su compromiso de cerrar Guantánamo de una vez por todas».

Entre las informaciones que se tienen sobre el proceso de cierre, es que el demócrata Barack Obama, intentó cerrar Guantánamo sin éxito durante su mandato, por lo que recibió duras críticas.

El republicano Donald Trump, frenó el proceso; con su entrada a la Casa Blanca, Joe Biden, ha prometido ser el último presidente que verá Guantánamo en funcionamiento. No obstante, lo único que ha conseguido hasta el momento es transferir a uno de sus presos.

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El mismo Pentágono de Estados Unidos, dijo en su momento en un comunicado que, «esta prisión está pensada para lo peor de lo peor».

Actualmente, hay 39 prisioneros en ese lugar y a pesar de las repetidas demandas de cierre de la penitenciaria, ni las organizaciones de derechos humanos ni el propio Gobierno estadounidense ha conseguido clausurarlo.

¿Quiénes están y han estado en Guantánamo?

Jaled Sheij Mohammed se declaró cerebro de la organización del atentado del 11-S, pero todavía no está juzgado. Una situación diferente a la de Ali Hamza Sulayman al Bahlul y Majid Khan, ambos colaborados de Bin Laden, el primero condenado a cadena perpetua y el segundo a punto de salir en libertad tras cumplir su condena.

Cuenta el informe periodístico que el resto de los prisioneros no han sido juzgados y condenados a lo largo de estos 20 años, pero siguen en la prisión.

Una situación que activistas tachan como «inhumana», pero que el Gobierno de Estados Unidos justifica amparándose en el argumento de que son detenidos de guerra dentro del conflicto con Al-Qaeda, por lo que pueden estar un tiempo indefinido en prisión.

Blanca Hernández, portavoz de la organización Amnistía Internacional, dio en una entrevista con France 24 que, «han llegado a registrarse incluso desapariciones forzadas, cuando ingresas en Guantánamo dejas de ser un ser humano».

Información filtrada

En 2011, filtraciones de Wikileaks arrojaron luz sobre lo que ya se sospechaba que sucedía en Guantánamo.

Los 759 informes secretos que publicaron destaparon las vejaciones cometidas en la prisión, donde el 60 % de las personas que enviaban no suponían una amenaza «probable».

La información señalaba entre otras cosas que, la inteligencia estadounidense clasificaba a los presos por su nivel de peligrosidad.

El más alto implicaba que la persona detenida «probablemente» suponía «una amenaza para EE. UU., sus intereses y aliados»; el medio, que «quizá» la suponía; y el bajo catalogaba a las personas como una amenaza «improbable» para la seguridad del país.

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