América Latina o Latinoamérica es un concepto para identificar una región del continente americano con habla mayoritaria de lenguas derivadas del latín (principalmente, español o portugués y, en menor medida, francés).
El ranking global de Eca International sobre las ciudades con el costo de vida más alto, Buenos Aires ostenta ahora el puesto número uno dentro de Latinoamérica y el escalafón número 37 a nivel mundial.
La capital de Argentina estaba en el puesto 92 el año pasado, con lo cual descendió 55 lugares.
La medición incluye el precio del arriendo, los alimentos básicos para el consumo y el transporte.
En contraposición, la capital antioqueña, Medellín, ocupa el lugar número 24 en el ranking a nivel regional y el puesto 189 a nivel mundial.
Según el informe, es una de las ciudades en las que resulta más barato vivir.
imagen
Los datos que hablan
La comida en la capital argentina es 37% más cara que en Medellín, al igual que la vivienda, que tiene una variación de 22%.
Otros ítems comparativos importantes como la ropa (72%), transporte (28%), cuidado personal (15%) y entretenimiento (83%) demuestran el elevado costo de vida en Buenos Aires.
En general, las principales capitales de los países latinoamericanos tuvieron un encarecimiento según el último reporte.
Montevideo es la segunda más costosa en la región y bajó del puesto 105 al 85 en el ranking mundial.
Le siguen Ciudad de Panamá (107 a nivel global), Santo Domingo (116), Río de Janeiro (118), Santiago de Chile (119) y Lima (125).
Ciudades que también ascendieron
Por debajo de Buenos Aires se ubican Montevideo (Uruguay), Ciudad de Panamá (Panamá), Santo Domingo (República Dominicana) y Río de Janeiro (Brasil) en la lista de las ciudades latinoamericanas más caras para vivir.
Cabe destacar que las ciudades brasileñas de Río de Janeiro (puesto 118) y Sao Paulo (138) subieron 45 y 38 lugares respectivamente en el ranking global.
Steven Kilfedder, director de realización de ECA International explica que, “luego de los desafíos en años anteriores debido a la codicia y los disturbios políticos que provocaron la caída del real brasileño, la moneda de Brasil experimentó un cambio de rumbo a medida que aumentaban las tasas de interés para combatir la inflación combinadas con el aumento de los precios de las materias primas y el panorama covid”.
Y aunque Santiago de Chile cayó 21 lugares dentro del ranking global para ocupar el puesto 119 en 2022, entre las ciudades latinoamericanas se encuentras entres las 10 más caras después de Río de Janeiro.
FMI y el Latinoamérica
Preocupado se mostró el Fondo Monetario Internacional (FMI) al actualizar sus previsiones sobre la economía de Latinoamérica y el Caribe.
Aunque anticipa que el PIB crecería 2,5% en este bloque, también vaticina que el encarecimiento del costo de vida –o inflación– sería de 11,2%.
Los datos más recientes de los centros estadísticos en las principales economías de la región hablan por sí solos.
En los 12 meses terminados a marzo Argentina reporta una inflación de 55,1%; en Brasil el indicador subió a 11,3% y en Paraguay trepó hasta 10,1%.
Más que el golpe sobre el bolsillo de los consumidores, al FMI le preocupa que esto derive en un estallido social.
El organismo ve un cóctel de hechos internacionales que le ponen un tono de incertidumbre al desarrollo regional y afecta a los más vulnerables.
Hay que apretarse
la realidad del grueso de países es distinta a la de Bolivia y la solución para, cuanto menos mitigar el problema, está sobre la mesa: adoptar políticas más restrictivas para desestimular el consumo, sin que esto tenga un alto impacto en el crecimiento económico.
Lo cierto es que las condiciones sociales y económicas están golpeando con fuerza a los consumidores y eso se ve reflejado en su visión sobre lo que viene.
La región de América Latina y el Caribe desacelerará su ritmo de crecimiento en 2022 a 2,1%, luego de crecer 6,2% promedio el año pasado, según nuevas proyecciones entregadas hoy por la CEPAL.
Esta desaceleración sucede en un contexto de importantes asimetrías entre los países desarrollados, emergentes y en desarrollo sobre la capacidad de implementar políticas fiscales solidas.

