La muerte de la reina Isabel II, ha desencadenó una avalancha de dolor y a la vez tributos por parte de los líderes mundiales y de la gente, pero rechazo entre otros.
Muchos en las antiguas colonias británicas han honrado abiertamente la memoria de la monarca, dice un informe publicado por la BBC Mundo.
Para algunos, su muerte ha despertado recuerdos de la historia en ocasiones sangrienta del gobierno colonial.
Lo que algunos han llamado atrocidades contra los pueblos indígenas, el robo de estatuas y artefactos de las naciones de África occidental.
Si bien el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, describió a la reina como una figura pública extraordinaria que sería recordada con cariño por muchos en todo el mundo.
El partido opositor Luchadores por la Libertad Económica (EFF) dijo que no estaría de luto por el fallecimiento.
“Durante su reinado de 70 años, nunca reconoció los crímenes que Gran Bretaña y su familia perpetraron en todo el mundo” comentó el tercer partido más grande del país.
Duras críticas desde las redes sociales
Los tuits publicados por la profesora Uju Anya, estadounidense nacida en Nigeria, compartidos en las horas previas a la muerte de la reina, desencadenaron un fuerte debate.
Uno fue eliminado por Twitter por violar sus reglas, explicó la BBC.
En un segundo tuit, escribió: “Si alguien espera que exprese algo más que desdén por la monarca que supervisó un gobierno que patrocinó el genocidio, que masacró y desplazó a la mitad de mi familia, cuyas consecuencias todavía están tratando de superar los que están vivos hoy, puedes seguir deseando una estrella”.
Aparentemente, su tuit es una referencia a la guerra de Biafra a fines de la década de 1960.
En la que el gobierno británico apoyó y armó al gobierno nigeriano que bloqueó, mató de hambre y finalmente aplastó a los secesionistas de la autoproclamada República de Biafra.
Los restos africanos
Críticos de la monarquía dicen que la reina debería haber usado su poder para garantizar que se devolvieran los restos humanos de quienes lucharon contra el dominio colonial británico.
Los kenianos y sudafricanos exigen a héroes como Koitalel Samoei, quien lideró la resistencia Nandi en la actual Kenia a fines del siglo XIX.
Y también al rey Hinstsa kaKhawula de Xhosa en Sudáfrica, quien fue asesinado en 1835, se lee en la nota del medio británico.
Después de que los cuerpos fueron mutilados, sus cabezas fueron llevadas a Gran Bretaña como trofeos.
Asimismo, se ha recordado la brutal matanza de kenianos durante la rebelión de Mau Mau.
Gitu Wa Kahengeri, quien se unió a la rebelión cuando era un adolescente de 17 hace 81 años, recordó haber sido detenido en un campamento por las fuerzas británicas, golpeado y privado de comida.
El dato
El presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, se refirió a Isabel II como “un ícono imponente del servicio desinteresado”.
El mandatario, ha sido criticado por algunos kenianos por declarar cuatro días de duelo nacional.
Mientras el expresidente de Botsuana, Ian Khama, fue otro de los que defendió su legado, describiéndola como insustituible.
“El colonialismo no es algo que queramos recordar, fue un período oscuro”, dijo.
El continente debería verla como alguien que “trajo una nueva era desde un pasado oscuro”, argumentó.
Muchos han dicho que la reina nunca se disculpó por los crímenes cometidos en nombre del imperio.
Sin embargo, reconoció “episodios angustiosos” y “difíciles”, como una masacre en Amritsar, en el norte de India, en 1919.
Antes de visitar el lugar en 1997, donde un general británico ordenó a las tropas disparar contra los manifestantes en un jardín amurallado, pronunció un discurso expresando su pesar.
Sobre la reina
Fue la monarca del Reino Unido desde su ascenso al trono en 1952 hasta su muerte.
Además de la soberana de otros catorce Estados independientes constituidos en reino y que forman parte de la Mancomunidad de Naciones:
Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Jamaica, Bahamas, Belice, Granada, Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón.
Al igual que, Tuvalu, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y San Cristóbal y Nieves.
Fue la principal figura política de los cincuenta y cuatro países miembros de la Mancomunidad de Naciones.
En su rol específico como monarca del Reino Unido fue, a su vez, la gobernadora suprema de la Iglesia de Inglaterra.
Su papel político abarcó grandes áreas.
Tuvo funciones constitucionales significativas y actuó como foco de la unidad nacional de los británicos y como representante de su nación ante el mundo.
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