¿Un matrimonio entre humanos y animales? Pues al parecer es más común de lo que suena. Hace tan solo unos días el alcalde de un pueblo al sur de México contrajo matrimonio con un cocodrilo.
Los recién casados son Víctor Hugo Sosa, el alcalde de San Pedro Huamelula, un pueblo de comunidad indígena ubicado en el estado de Oaxaca, al sur de México. Y Alicia Adriana, un cocodrilo hembra que se convierte en “la niña princesa” durante la celebración del matrimonio.
Según las creencias, la unión entre el humano y el cocodrilo, hace referencia a una tradición ancestral de hace más de dos siglos para traer prosperidad y abundancia al pueblo.
¿De qué se trata la tradición?

El matrimonio entre el humano y el cocodrilo se remonta a una tradición de la comunidad indígena en el pueblo de San Pedro Huamelula en el estado de Oaxaca, que se lleva a cabo hace más de 230 años.
Se trata de una conmemoración simbólica para recordar el día en el que los dos grupos indígenas de la región, los huaves y los chontale, se unieron a través del matrimonio para terminar con las diferencias que había entre ambos.
La tradición asegura que tras la unión entre el rey chontal, quien hoy se vería representado en la figura del alcalde de San Pedro Huamelula y la niña princesa huave, encarnada en el cocodrilo hembra, representando a una comunidad asentada en la localidad de San Mateo Del Mar. Los problemas entre ambos pueblos terminaron para siempre y trajo abundancia a la comunidad.
Según las creencias de los indígenas, el matrimonio le permite a ambos enlazarse con lo que provee la madre tierra. Para pedirle al poderoso la lluvia, la germinación de la semilla, la abundancia en las cosechas y la prosperidad para que traiga paz y armonía al pueblo chontal.
¿En qué consiste el ritual?

Para llevar a cabo el matrimonio entre el reptil y el humano, se realiza un extenso ritual antes, durante y después de la ceremonia, en el que también se les hace partícipes a la comunidad de San Pedro Huamelula.
Todo inicia con la preparación de la novia, Alicia Adriana, el cocodrilo hembra, quien es paseada de casa en casa entre todos los habitantes del pueblo para que bailen con ella.
Durante su recorrido entre la comunidad indígena de San Pedro Huamelula, por lo que el reptil lleva la boca amarrada y debe usar una falda verde, huipil negro, el traje típico de los indígenas en esta región al sur de México y un tocado con flores y lentejuelas de colores.
El día de la boda el cocodrilo es vestido con un traje blanco, lleno de adornos y lentejuelas plateadas, se le pone un tocado de velo de novia en la cabeza para ser trasladada hasta el palacio municipal, lugar donde se celebra la ceremonia matrimonial.

“Para que en esta nación haya prosperidad, para que se encuentren las maneras de vivir en paz y se formulen equilibrios”
Son las palabras con las que Joel Vásquez, un pescador y habitante del pueblo de San Pedro Huamelula, quien da inicio a la ceremonia proclamando su fe, confiando en que el matrimonio traerá abundancia al pueblo y lanzando su red para atraer “la buena” pesca.
Hasta que la muerte los separe
Una vez finalizado el ritual del matrimonio, los recién casados se disponen a una gran celebración con la comunidad. El rey chontal y la niña princesa presiden un baile al ritmo de la música tradicional indígena del pueblo.
Finalmente sellan el compromiso con un beso entre el alcalde y el cocodrilo, que representa la unión entre el reptil y el humano como sinónimo de abundancia para el pueblo.

