Un reciente estudio reveló que más de 1.300 cerebros estarían siendo estudiado tras sus 1.200 años de haber sobrevivido en el tiempo.
Para Alexandra Morton, una de las autoras de este trabajo de la Universidad de Oxford: “Se han encontrado cerebros donde son el único tejido blando conservado, en naufragios hundidos y en tumbas inundadas donde los huesos simplemente flotan”.
“Para ser honesto, no esperamos que un cerebro se conserve en ningún tipo de entorno”, explica la también docente.
Morton se interesó por primera vez en la preservación del cerebro mientras trabajaba como empresario de pompas fúnebres.
“Se sabe que el cerebro es uno de los primeros órganos en descomponerse post-mortem. Lo vi licuarse bastante rápido. Pero también vi que se conservaba”, afirma especialista.
Los expertos están sorprendidos
Para varios científicos hay demasiados cerebros muy bien conservados a pesar de los años, lo que genera interrogantes sobre cómo han logrado mantenerse en buen estado tras el pasar de los años.
Ahora, ella y sus colegas han realizado el primer estudio sistemático del fenómeno. Han reunido una base de datos de más de 4.400 cerebros humanos conservados encontrados en todo el mundo.
También han recopilado y estudiado muchos cerebros conservados. “Puse uno en una máquina de resonancia magnética, lo cual fue un error terrible. No me di cuenta de cuánto hierro había allí”, dice Morton.
En la mayoría de los casos, la conservación del cerebro podría explicarse mediante procesos conocidos.
Por ejemplo, los cerebros de los sacrificios humanos incas enterrados en la cima de un volcán en América del Sur alrededor del año 1450 d.C. fueron liofilizados junto con los cuerpos, dice Morton-Hayward.
Algunos casos
Los cerebros de gente de los pantanos como el Hombre de Tollund, que fue colgado y arrojado en un pantano hace 2.400 años en lo que hoy es Dinamarca, se conservaron mediante un proceso de curtido similar al utilizado para el cuero.
Y la saponificación, en la que las sustancias grasas se convierten en una forma de jabón llamada cera de tumba.
Fue así, cómo se conservaron los cerebros de algunas personas fusiladas en 1936 durante la Guerra Civil Española y enterradas en una fosa común.
Pero los procesos conocidos preservan todos los tejidos blandos, no sólo el cerebro.
Esto no explican los 1.300 casos en los que el cerebro es el único tejido blando que sobrevive.
“Este mecanismo desconocido es completamente diferente”, afirma Morton.
“La característica clave es que sólo nos quedan el cerebro y los huesos. No hay piel, ni músculos, ni tripas”.
Por ejemplo, Santa Eduviges de Silesia fue enterrada en Polonia en 1243. Cuando su cuerpo fue exhumado en el siglo XVII, se encontró que se conservaba su cerebro, lo que en ese momento se atribuía al poder divino.
Para qué sirve todo esto
La hipótesis de trabajo de Morton es que, en determinadas circunstancias, sustancias como el hierro pueden catalizar la formación de enlaces cruzados entre proteínas y lípidos, formando moléculas más estables que resisten la degradación.
“Los mecanismos son similares a los que vemos en las enfermedades neurodegenerativas, como la demencia”, afirma.
Morton asegura entonces que, dado que el cerebro logra mantenerse por tantos años, esto podría abrir la puerta a que sus estudios pueden ser mucho más profundo sobre la información que estos retienen.
“Es una noticia fantástica que se estén publicando los datos”, afirma Brittany Moller de la Universidad James Cook en Melbourne, Australia, una de las investigadoras que ha descubierto que la preservación del cerebro es más común de lo que se pensaba.
Los datos
Dice la docente que: “Puede aumentar la conciencia entre los investigadores sobre el posible potencial de preservación del material cerebral”.
Esto es importante porque los cerebros conservados suelen tener el mismo color que el suelo circundante.
“Por lo tanto, es muy probable que durante las excavaciones arqueológicas se descarte con frecuencia material cerebral, ya que no se reconoce tal como es”.
Si bien el estudio se centró en el cerebro humano, los hallazgos deberían aplicarse también a los animales.
Hay al menos 700 ejemplares de cerebros de animales conservados en fósiles, afirma Morton siendo los más antiguos los de artrópodos, que tienen 500 millones de años.

