Al igual que los humanos, los chimpancés salvajes mantienen conversaciones rápidas y por turnos, en las que esperan apenas una fracción de segundo hasta que les llegue el turno para “hablar” según la ciencia.
Los animales se comunican principalmente con gestos que incluyen movimientos de manos y expresiones faciales.
Los científicos que estudiaron sus conversaciones en detalle descubrieron que tomaban “turnos rápidos” cuando intercambiaban información y también se interrumpían ocasionalmente.
La revelación sugiere “profundas similitudes evolutivas [con los humanos] en cómo se estructuran las conversaciones cara a cara”, dijo a la BBC Mundo la profesora Cat Hobaiter, de la Universidad de St Andrews.
Los hallazgos se publicaron en la revista Current Biology.
Un experto
Este descubrimiento lo explica el profesor Hobaiter, que estudia la comunicación entre primates.
“Todos tardamos unos 200 milisegundos entre turnos y presentamos algunas pequeñas variaciones culturales interesantes. Algunas culturas son ‘hablantes rápidos'”.
Un estudio lingüístico de 2009 cronometró estas diferencias y mostró que, en promedio, los hablantes de japonés tardaron siete milisegundos en responder, mientras que los hablantes de danés tardaron alrededor de 470 milisegundos en intervenir.
Al examinar miles de casos de chimpancés salvajes comunicándose entre sí, los expertos pudieron estudiarlo uidadosamente.
Las razones por las que se da
“Es sorprendente ver lo cerca que estaban los chimpancés de sincronizarse con los humanos”, dijo.
Los chimpancés tenían un rango más amplio en sus tiempos de conversación.
“Los intervalos iban desde interrumpir al emisor 1.600 milisegundos antes de que terminara su gesto, hasta tardar 8.600 milisegundos en responder”, explicó el profesor Hobaiter.
“Esto podría deberse a que los chimpancés estaban en un entorno natural, por lo que podían expresar una gama más amplia de comportamientos: a veces se interrumpían entre sí y otras veces tardaban mucho en responder”.
Como parte de la investigación de los orígenes evolutivos de la comunicación, los investigadores han pasado décadas observando y registrando el comportamiento de cinco comunidades de chimpancés salvajes en los bosques de Uganda y Tanzania.
Las cifras
Han registrado y traducido más de 8.000 gestos de más de 250 animales individuales.
El investigador principal, el Dr. Gal Badihi, también de la Universidad de St Andrews, explicó que los gestos permitían a los chimpancés evitar conflictos y coordinarse entre sí.
“Pueden llegar a un acuerdo sobre cómo o dónde acicalarse. Es fascinante y se logra con solo unos pocos intercambios de gestos”.
“Será una excelente manera de comprender mejor cuándo y por qué evolucionaron nuestras reglas de conversación”, según los investigadores.
Otras similitudes
Los chimpancés tienen metacognición, es decir, son capaces de reflexionar sobre sus propios pensamientos y procesos mentales, tal y como han demostrado recientemente investigadores de varias universidades estadounidenses en la revista científica Cognition.
Según los autores, estos primates son conscientes de lo que saben y de lo que no, y en función de ello son capaces de mostrar mayor o menor seguridad en sus respuestas y comportarse en consecuencia, lo que les permite tomar decisiones inteligentes.
Son justos y morales
El sentido del bien y del mal no es exclusivo de los humanos.
Los chimpancés también discriminan a la hora de decidir qué comportamiento es inadecuado, sobre todo cuando afecta a crías de chimpancé.
En un estudio realizado en la Universidad de Zúrich y que fue publicado en la revista Human Nature, se puso de manifiesto que si un chimpancé ve escenas de un bebé siendo dañado o asesinado por otro miembro de su propia especie, reacciona con indignación y rabia, algo que no ocurre en casos de violencia entre monos adultos.
El estudio indica que estos primates tienen un sentido de la moralidad similar al de los humanos.
Cultivan la amistad
La máxima que reza “quien encuentra un amigo encuentra un tesoro” también se aplica entre los chimpancés.
En caso de duda, basta con preguntarle a Filippo Aureli , quien —tras un estudio exhaustivo del comportamiento de estos primates— concluyó que viven rodeados de buenos amigos.
Incluso se consuelan entre sí y alivian el estrés de otros miembros del grupo, como demostraron Aureli y sus colegas en un estudio publicado en PNAS.

