El mundo amanece en máxima alerta tras la movilización del submarino ruso K-329 Belgorod, bajo las aguas en el Ártico y que está equipado con el misil nuclear ‘Poseidón’, que ha despertado las alertas de la OTAN.
La principal diferencia militar de este sumergible respecto al resto de la flota naval de Rusia es que porta el denominado arma del Apocalipsis.
Se trata de un supertorpedo capaz de viajar hasta 10.000 kilómetros de distancia con total precisión y sin otorgar apenas opciones de ser detectado.
Los expertos le atribuyen un alto poder destructor y, sobre todo, la posibilidad de generar tsunamis nucleares si explotan cerca de la costa.
Tanto Rusia como Estados Unidos almacenan desde hace décadas en sus arsenales misiles intercontinentales tan importantes y letales como éste a la hora de causar daños.
¿Por qué salió al ruedo esta arma de rusa?
Para la OTAN la intención del Kremlin es probar la efectividad del Poseidón y del propio Belgorod, según el diario italiano ‘La Repubblica’.
Este submarino fue botado el pasado mes de julio y es uno de los dos únicos de la flota que puede llevar a bordo el arma del Apocalipsis. La diferencia es que su homólogo solo puede portar un torpedo.
El Belgorod mide 184 metros de eslora y 15 de manga, puede viajar a unos 60 kilómetros por hora bajo el agua y pasar hasta 120 días sin tener que regresar a la superficie.
El espionaje occidental insinúa que podría estar implicado en el reciente sabotaje a los dos ramales del gaseoducto Nord Stream en el Báltico.
La OTAN ha mantenido al Belgorod bajo su radar. Navega por el mar Blanco. Todo apunta a que Rusia experimentaría con el torpedo dentro de los límites del mar de Kara; es decir, en el Ártico y en zonas despobladas.
La elección puede deberse no solo a su lejanía, sino a comprobar una de las supuestas ventajas de este proyecto: la posibilidad de disparar el misil debajo de una gruesa capa de hielo y disipar cualquier rastro de calor.
Por ese motivo, la actual movilización del Belgorod podría tratarse de una demostración a Occidente del arma nuclear submarina más sofisticada de Rusia y no de una amenaza real de guerra,
Pero, lo especialistas dicen que, ante el escenario actual en Ucrania cualquier ejercicio táctico es muy semejante a un peligro potencial.
Lo que podría causar
Explican los conocedores que, “su letalidad también desarrolla otro maquiavélico concepto. La carga nuclear puede explotar bajo el mar, lanzar al aire enormes masas de agua y generar un tsunami que produzca daños añadidos si lo hace cerca de la costa”.
Su mortal secreto parece consistir más bien en crear una lluvia radiactiva debido a la cominación de los componentes atómicos con el agua del mar que sí podría matar a un gran número de personas a corto plazo.
Además de lo anterior, puede también contaminar amplias superficies de terreno durante décadas. Sirve para entender la catástrofe de Chernóbil en 1986.
Aparte de esto, la gran amenaza del Poseidón para los estándares militares occidentales es que resulta muy difícil de rastrear y resulta prácticamente imposible de detener una vez disparado.
Su velocidad es demasiado elevada para un torpedo convencional: sólo está al alcance de determinados misiles intercontinentales, pero siempre que se sepa por dónde navega.
El hecho de que pueda hacerlo entre cincuenta y mil metros de profundidad le convierte en indetectable. Y existe otro problema: en su calidad de dron tiene más recursos para esquivar un misil.
De ahí que Rusia alardee de su potencial: la industria militar y nuclear.
El papa se dirige a Putin
El papa Francisco se dirigió este domingo públicamente al presidente de Rusia, Vladimir Putin, para que detenga la “espiral de violencia y muerte” en Ucrania y expresó su preocupación por el riesgo de una escalada nuclear en el planeta.
“Mi llamamiento se dirige sobre todo al presidente de la Federación Rusa, suplicándole detener, también por amor a su pueblo, esta espiral de violencia y de muerte”, dijo Francisco.
Francisco, confesó el “profundo dolor” que le causan “los ríos de sangre y lágrimas versados estos meses”, “las miles de víctimas, en particular de niños” y “las tantas destrucciones que han dejado sin casa a muchas personas y familias”.
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