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La NASA halló el planeta más escalofriante que podría albergar vida

Un exoplaneta frío, rocoso y con abundante agua se convierte en uno de los objetivos más prometedores en la búsqueda de vida fuera de la Tierra

La NASA ha puesto su atención en un planeta fuera del sistema solar que reúne una combinación poco común de características. Se trata de LHS 1140 b, un mundo distante que, pese a su clima extremo, podría reunir condiciones para ser un planeta que podría albergar vida.

Este planeta se encuentra a unos 48 años luz de la Tierra y orbita una estrella pequeña y fría. Su ubicación y composición lo han convertido en uno de los exoplanetas más interesantes estudiados en los últimos años.

Aunque no hay pruebas de vida, los científicos consideran que este planeta podría ayudar a responder una de las preguntas más grandes de la ciencia: si estamos solos en el universo.

Un planeta fuera del sistema solar que intriga a la ciencia

LHS 1140 b gira alrededor de una enana roja, un tipo de estrella más fría y pequeña que el Sol. Lo hace dentro de la llamada zona habitable, una región donde la temperatura permite que el agua exista en estado líquido bajo ciertas condiciones.

Este planeta fue descubierto en 2017, pero análisis más recientes han permitido conocer mejor su estructura, su densidad y su posible composición interna, reforzando su valor científico.

Un planeta rocoso con tamaño similar a la Tierra

Las mediciones indican que se trata de un planeta rocoso, no gaseoso. Su tamaño es aproximadamente 1,7 veces mayor que el de la Tierra, lo que lo sitúa dentro de la categoría de supertierras.

Su densidad es clave. Los científicos creen que posee un núcleo sólido y una estructura interna comparable a la de nuestro planeta, lo que lo diferencia de otros mundos más grandes y menos estables.

Un hallazgo clave la gran cantidad de agua

Uno de los aspectos más llamativos es que entre el 10 y el 20 por ciento de la masa total del planeta podría estar compuesta por agua. En la Tierra, el agua representa solo una fracción mínima de la masa total.

Este dato ha llevado a los investigadores a plantear que el planeta podría tener océanos profundos, posiblemente cubiertos por capas de hielo debido a las bajas temperaturas. Sería un planeta frío, pero no seco.

Su ubicación en la zona habitable

Aunque LHS 1140 b es un mundo frío, la distancia que lo separa de su estrella es la adecuada para recibir energía suficiente sin que el agua se evapore por completo.

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Las enanas rojas emiten menos calor que estrellas como el Sol. Por eso, sus zonas habitables se encuentran mucho más cerca. En ese equilibrio es donde se sitúa este planeta.

Puede tener atmósfera

Hasta ahora, no se ha detectado directamente una atmósfera, pero los modelos científicos indican que, debido a su masa y gravedad, este planeta podría conservar una atmósfera estable durante largos periodos y estudian si este planeta podría albergar vida.

La presencia de una atmósfera sería fundamental, ya que ayudaría a regular la temperatura y a proteger la superficie del planeta de la radiación estelar.

Qué implica para la búsqueda de vida

Los científicos son claros. No existe evidencia de vida ni señales biológicas confirmadas. Sin embargo, este planeta reúne varios factores que lo convierten en un candidato prioritario para futuras observaciones.

Instrumentos como el telescopio espacial James Webb podrían, en los próximos años, analizar su atmósfera y detectar gases que ayuden a entender mejor su entorno químico.

Un laboratorio natural para entender otros mundos

Más allá de la posibilidad de vida, este planeta ofrece una oportunidad única para estudiar cómo se forman los planetas rocosos ricos en agua y cómo evolucionan con el tiempo.

Cada nuevo dato permite afinar las teorías científicas sobre por qué la Tierra terminó siendo habitable y cuántos mundos similares podrían existir en nuestra galaxia.

Entre los cientos de exoplanetas descubiertos hasta ahora, este planeta fuera del sistema solar destaca por su combinación de tamaño, agua y ubicación, razones suficientes para que la NASA y la comunidad científica lo sigan observando con atención.

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