Publicidad

“Mi único miedo es dejarlo solo” Con 96 años, una madre sigue cuidando a su hijo adulto con síndrome de Down

A los 96 años, su cuerpo se apaga poco a poco, pero su mayor temor no es morir, sino dejar solo al hijo que ha cuidado toda su vida.

A los 96 años, su cuerpo ya no le permite caminar con facilidad. El cansancio se nota en cada movimiento. Sin embargo, su voluntad sigue firme por una sola razón. La madre cuida hijo con síndrome de Down de 55 años.

Para ella, el tiempo no ha cambiado lo esencial. Él sigue siendo su niño. Su mayor temor no es la muerte, sino la posibilidad de dejarlo solo en un mundo que no siempre ofrece el cuidado y la comprensión que ella le ha dado durante toda su vida.

La historia se conoció a través de un video que comenzó a circular en redes sociales. En las imágenes se ve a una mujer de avanzada edad acariciando a su hijo con síndrome de Down, mirándolo con ternura y una preocupación silenciosa que no necesita palabras.

@alandr153 Amor de madre 🥺❤️#viral #amigos #mamá ♬ SOU TRISTE BART SAD – bice

Un amor que no se jubila

El vínculo entre una madre y su hijo no entiende de edades. En el caso de muchas familias que conviven con la discapacidad, el rol de cuidado no termina cuando los hijos llegan a la adultez. Al contrario, se transforma y se extiende durante décadas.

Especialistas en inclusión explican que muchas personas con síndrome de Down mantienen una fuerte dependencia emocional y cotidiana de sus cuidadores principales. En la mayoría de los casos, esas figuras son madres que envejecen mientras siguen cumpliendo la misma misión.

En esta historia, los años no han debilitado ese lazo. Lo han hecho más profundo. Cada gesto refleja una entrega constante, incluso cuando el cuerpo empieza a falla pero esta madre sigue cuidando a su hijo con síndrome de Down.

El miedo silencioso de muchas madres mayores

Detrás de esta historia hay una preocupación que comparten miles de familias. Qué pasará con sus hijos cuando ellas ya no puedan cuidarlos.

Ese temor rara vez se expresa en voz alta. Aparece en miradas, en rutinas repetidas, en una presencia que se niega a desaparecer. Para muchas madres mayores, la verdadera angustia no es partir, sino no saber quién ocupará su lugar.

Organizaciones dedicadas a la discapacidad advierten que una gran parte de los adultos con síndrome de Down depende casi por completo de familiares que también están envejeciendo. La falta de redes de apoyo suficientes convierte este miedo en una realidad cotidiana.

Una historia que interpela a la sociedad

Más allá de su carga emocional, este relato plantea una pregunta urgente. Qué tan preparados están los sistemas de cuidado para acompañar a las personas con discapacidad cuando sus padres ya no pueden hacerlo.

- Patrocinado -

La historia no habla de heroicidad ni de sacrificios extremos. Habla de algo más simple y más poderoso. Permanecer. Acompañar. Cuidar hasta donde sea posible.

A los 96 años, esta madre no busca reconocimiento. Solo sigue haciendo lo que ha hecho siempre. Amar sin condiciones.

Y en ese acto cotidiano, silencioso y profundamente humano, deja una lección que trasciende generaciones.

Publicidad