Publicidad

Un soldado japonés vivió casi 30 años en la selva sin saber que la guerra había terminado

La vida de Hiroo Onoda, el oficial que siguió cumpliendo su misión décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial

Un soldado japonés en la selva que nunca aceptó el final de la guerra

En 1945, la Segunda Guerra Mundial terminó oficialmente. Japón se rindió y el conflicto llegó a su fin. Sin embargo, un soldado japonés en la selva de Filipinas continuó viviendo como si nada hubiera cambiado. Su nombre era Hiroo Onoda, y durante casi tres décadas ignoró que la guerra había terminado.

Onoda era un joven oficial del Ejército Imperial Japonés destinado a la isla de Lubang. Antes de separarse de su unidad, recibió una orden directa de su superior: resistir, sabotear al enemigo y no rendirse bajo ninguna circunstancia. Para él, esa orden estaba por encima de cualquier mensaje externo.

Cómo sobrevivió el soldado japonés en la selva durante décadas

Durante años, el soldado japonés en la selva sobrevivió oculto entre la vegetación, alimentándose de frutas, raíces, arroz y animales que cazaba. Dormía en refugios improvisados, evitaba el contacto humano y se desplazaba constantemente para no ser detectado.

A lo largo del tiempo, encontró folletos y escuchó mensajes que anunciaban el final de la guerra. Siempre pensó que se trataba de propaganda diseñada para hacerlo salir de su escondite. En su mente, el conflicto seguía activo y su deber era mantenerse fiel a la misión.

Décadas aislado del mundo

Mientras el mundo avanzaba, el soldado japonés en la selva permanecía completamente aislado. Japón se reconstruyó, Filipinas cambió y nuevas generaciones crecieron sin saber que, en una isla remota, un militar seguía viviendo bajo las reglas de una guerra que ya no existía.

Onoda mantuvo su disciplina intacta. Cuidaba su rifle, reparaba su uniforme y seguía rutinas militares estrictas. Para los habitantes de la zona, su presencia fue durante años un misterio constante.

El día en que terminó su misión

En 1974, casi 30 años después del final de la guerra, un joven japonés logró encontrarlo. Onoda fue claro desde el inicio: solo aceptaría rendirse si recibía la orden directa de su antiguo comandante.

El gobierno japonés localizó al oficial que lo había enviado a Lubang. Este viajó personalmente a Filipinas y le comunicó que la misión había terminado. Solo entonces, el soldado japonés en la selva entregó su arma y salió de su escondite.

Tenía 52 años.

El significado de su caso

El caso de este soldado japonés en la selva se convirtió en uno de los episodios más comentados del siglo XX. Para algunos, representa una lealtad llevada al extremo. Para otros, una consecuencia silenciosa del aislamiento y del peso psicológico de la guerra.

- Patrocinado -

Su vida dejó una pregunta abierta sobre hasta dónde puede llegar una orden cuando se convierte en la única realidad posible.

Publicidad