Un grupo de investigadores ha conseguido implantar neuronas humanas en el cerebro de unas ratas recién nacidas.
Lo más llamativo de este experimento es que las ratas modificaron su comportamiento después de dicha implantación.
Esto puede ser todo un avance para conocer mejor el cerebro, la salud mental y muy especialmente, para la psiquiatría y el tratamiento de trastornos o enfermedades mentales.
Este experimento ha permitido confirmar que las neuronas juegan un papel clave en la conducta, algo que ya era un secreto a voces, y también puede llegar a ser vital en las enfermedades a la hora de curarlas.
Precisamente, ese ha sido uno de los objetivos de este estudio, el cual ha arrojado conclusiones como la posibilidad de curar enfermedades cerebrales o incluso neurodegenerativas.
No se sabe aún si modificando las neuronas, haciendo una implantación como esta, o de otra forma, pero hay varias posibilidades sobre la mesa.
Estados Unidos, donde se ha llevado a cabo este experimento en la Universidad de Stanford, sigue posicionado como uno de los países más eficaces a la hora de lograr nuevos avances científicos.
Ahora, y gracias a este nuevo estudio, sigue dando muestras de contar con algunos de los mejores equipos a la hora de avanzar en la ciencia.
Todo esto, para que en el futuro conozcamos todos los secretos que el cerebro esconde y que de seguro pueda ayudar a la humanidad.
Debate ético
Naturalmente, esta clase de experimentos han suscitado cuestiones espinosas a nivel bioético, como la posibilidad de que en algún momento se lleguen a desarrollar cerebroides humanos conscientes.
Lluís Montoliu, investigador del CSIC y vicedirector del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), ha señalado que “es un experimento sorprendente y un avance muy significativo”.
Dijo Montoliu que “estos estudios en el laboratorio (organoides) con estudios con animales (trasplante de organoides al cerebro de ratas atímicas)”.
Agrega el experto que, “este experimento también suscita aspectos éticos relevantes de esta investigación, que deberán tenerse en cuenta y debatirse en futuros procedimientos similares”.
Esta pionera investigación permitirá desarrollar nuevas investigaciones que podrían desembocar en tratamientos para ciertas enfermedades.
Entre ellos, los problemas mentales que actualmente no tienen cura, como el autismo o ciertas enfermedades neuropsiquiátricas y neurodegenerativas.
La transgénesis es una práctica muy controvertida y está prohibida en la mayoría del mundo. Algo similar ocurre con la clonación humana, aunque, en su caso, está prohibida en prácticamente todo el mundo.
Los científicos piden prudencia respecto a este asunto, puesto que manipular el alma humana puede conllevar un precio muy alto que nadie quiere tener que pagar en el futuro.
Experimentos con animales un dilema que discute
Las pruebas en especies no humanas estimulan la investigación científica, pero también las protestas de defensores de la fauna, que denuncian trato inequitativo y sufrimiento de los animales.
¿Es posible evitar estas pruebas?
A nivel mundial la tendencia por la pugna para poner punto final a la experimentación con animales vivos no humanos va en aumento, impulsada por grupos ecologistas pro fauna y por muchos científicos.
¿Se pueden parar los experimentos con animales? Y de ser así, ¿existen alternativas?
Es sabido que los médicos de la antigüedad, como Erasístrato (siglo III a. C.) y Galeno (siglo II d. C.), estudiaban la anatomía de cerdos y cabras —entre otras especies— a partir de vivisecciones.
Al paso de los siglos esta práctica se desarrolló en numerosos campos: en la medicina, la química, entre otros.
El dato
El Consejo de Bioética Nuffield calcula que podrían ser entre 50 y 100 millones cada año. La cifra incluye desde peces hasta primates no humanos, aunque la mayoría son ratas y ratones.
“El 90% de la investigación científica en animales hoy se hace con roedores. Ha bajado el número de gatos, perros y ovejas, al tiempo que ha aumentado el de otras especies, como peces”, dice la maestra en ciencias María Gracia de la Facultad de Química de la UNAM.
Jorge Fernández, jefe de la Unidad de Producción y Experimentación de Animales del Centro de Investigación y Estudios Avanzados refiere que “Si el día de mañana dejáramos de usar animales para probar vacunas o medicamentos, estos productos no tendrían un control adecuado”.

