Es por esto que cada vez más países latinoamericanos optan por elegir gobiernos de izquierda

La izquierda ha prometido una distribución más equitativa de la riqueza, mejores servicios públicos y redes de seguridad social ampliadas.

El izquierdista Gustavo Petro, se ha alzado con la victoria en las elecciones de este domingo en Colombia, sumándose así a los gobiernos de una línea similar como; México, Perú, Argentina, Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Esta nueva tendencia en América Latina tiene como telón de fondo un momento de gran incertidumbre política en el continente.

Petro asciende al poder en medio de la crisis democrática provocada por la erosión de las instituciones y el desgaste económico y social que ha generado la pandemia.

Todo ello agravado por los efectos de la guerra de Ucrania y el desinterés de Estados Unidos por la región.

La izquierda ha prometido una distribución más equitativa de la riqueza, mejores servicios públicos y redes de seguridad social ampliadas.

Pero los nuevos líderes de la región se enfrentan a graves limitaciones económicas y a una oposición legislativa que podría restringir sus ambiciones, así como a unos votantes intranquilos que se han mostrado dispuestos a castigar a quien no cumpla lo prometido.

Los avances de la izquierda podrían impulsar a China y socavar a Estados Unidos mientras compiten por la influencia regional, dicen los analistas.

Al presentarse una nueva cosecha de líderes latinoamericanos desesperados por lograr el desarrollo económico y con más apertura hacia la estrategia global de Pekín de ofrecer préstamos e inversiones en infraestructuras.

El cambio también podría dificultar que Estados Unidos siga aislando a los regímenes autoritarios de izquierda en Venezuela, Nicaragua y Cuba.

¿Habrá una nueva izquierda?

A diferencia de lo que ocurrió a principios de la década del 2000, cuando los izquierdistas ganaron presidencias decisivas en América Latina.

Los nuevos gobernantes tienen que hacer frente a la deuda, a presupuestos magros, a escaso acceso al crédito y, en muchos casos, a una oposición vociferante.

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Eric Hershberg, director del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University, dijo que la racha ganadora de la izquierda nace de un sentimiento generalizado de indignación.

“En realidad se trata de los sectores de la clase media baja y de la clase trabajadora que dicen: ‘treinta años de democracia y todavía tenemos que ir en un autobús decrépito durante dos horas para llegar a un centro de salud malo’”, dijo Hershberg.

Citó la frustración, la ira y “una sensación generalizada de que las élites se han enriquecido, han sido corruptas, no han actuado en favor del interés público”.

La covid-19 asoló América Latina y devastó economías que ya eran precarias, pero la inclinación política de la región comenzó antes de  la pandemia.

Pobreza y desencanto democrático

Entre 2020 y 2021, América Latina alcanzó los niveles de pobreza más altos de las últimas décadas.

La covid-19 golpeó fuertemente la región, que concentra el 32% del total de defunciones globales causadas por el coronavirus, con más de dos millones de muertes directas.

La pandemia ha tenido consecuencias devastadoras para una economía que ya era precaria y un gran impacto en el aumento de la desigualdad.

Durante ese año se destruyeron 20 millones de empleos y un tercio de la población vive en la pobreza.

Pero la pandemia también ha servido de pretexto para que algunos gobernantes acaparen más poder y apliquen indebidamente el estado de excepción.

La deriva autoritaria, sumada al sufrimiento económico, el incremento de la pobreza y la mala gestión de pandemia.

Esto ha favorecido la pérdida de credibilidad de los latinoamericanos en los gobiernos y las instituciones públicas.

El desencanto democrático es un denominador común que atraviesa todas las sociedades de la región.

Una izquierda más moderada y diversa

La nueva ola progresista es también más moderada y diversa. Nunca existió una única izquierda latinoamericana, pero la de ahora es más difícil que cierre filas en torno a un bloque como el bolivariano.

«Los triunfos de Castillo en Perú, de Xiomara en Honduras y de Boric en Chile hablan de la heterogeneidad del campo», explica el historiador y ensayista cubano, Rafael Rojas.

«En el caso de Castillo, lo situaría dentro de una izquierda popular, moderada, como la de México y Argentina. En el caso de Xiomara, sí viene de un linaje más bolivariano”, dijo Rojas.

Agrega que, “podría darse un proceso de acercamiento a ese bloque. Y en el caso de Boric, pertenece claramente a esta nueva izquierda democrática».

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