Quizás usted ha visitado las Islas Galápagos sin saber que en un pasado fueron centros de reclusión y que no siempre tuvieron el atractivo actual.
Algunas de sus islas fueron ocupadas por el Ecuador con el propósito de establecer una cárcel. La idea nace por su ubicación en medio de las aguas del Pacífico.
El coronel Ignacio Hernández, fue quien dio esta idea como espacio de castigo para los reclusos entre lo que establecía que fuera a cielo abierto.
Las islas Florena y San Cristobal fue donde inició todo, en especial para los presos políticos que se veían rodeados por las aguas del mar y los tiburones que la acompañan.
Los soldados exiliados y expulsados de sus casas también hicieron parte de ese grupo de personas que ocuparon las primeras celdas, tras el golpe de estado fallido del 12 de octubre de 1833 y del 12 de junio de 1834, ambos en contra el presidente Juan José Flores.
Pero fue entre 1837 y 1852, donde durante varias oportunidades los reos organizaron revueltas para tomar el control del lugar que tras la victoria de los prisioneros fue difícil volver a instalar la cárcel.
El tiempo pasó y después de que en 1903 Estados Unidos tuviera la concesión del Canal de Panamá, pretendió lo mismo con las islas galápagos.
Pero Ecuador no cedió ante tal solicitud, a pesar de que el 23 de junio de 1910, el Congreso Nacional del Ecuador autorizó al Poder Ejecutivo a arrendar parcial o totalmente el Archipiélago de Colón, con la condición de que primero pagara una renta de 3 millones de libras esterlinas. Esto sin contar que las élites de Guayaquil se opusieron a esta idea y el 11 de enero de 1911, el presidente Eloy Alfaro llegó a la ciudad en mención y tras reunirse con Luis Vernaza, Ignacio Robles y Lautaro Aspiazu, desistió de la idea.
Asimismo, un siglo después de la instalación de las primeras colonias penitenciarias en el primer tercio del siglo XIX, así como a finales de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno del Ecuador, ésta vez bajo la administración del expresidente José María Velasco Ibarra decidió abrir por segunda vez una nueva cárcel en 1946, ahora en la Isla Isabela.
El lugar funcionó durante 13 años hasta 1959, de acuerdo con apartes del libro Galápagos Prisión de Basalto, Terror y Lágrimas en la isla Isabela, de Karina Vivanco y Paola Rodas, narra por cuenta de testigos, guías y reos algunos de los acontecimientos que allí e dieron durante el funcionamiento de la prisión.
Dentro de los relatos más significativos, cuentan que los reos construyeron una pared con cientos de piedras volcánicas. A la construcción se le conoce como ‘El Muro de las Lágrimas’ por “las condiciones inhumanas de su edificación y por las personas que perecieron en su levantamiento”.
Los habitantes del lugar señalan indican que “miles de presos murieron durante la edificación del muro, pues cada vez que una piedra era mal colocada, la pared se desmoronaba”. Las personas cuentan que alrededor del muro se escuchan alaridos y llantos, además de sentir una tensa sensación de sufrimiento.
En la actualidad, El Muro de las Lágrimas es un lugar de peregrinaje turístico en el Puerto Villamil, en la Isla Isabela.
Sin duda alguna, una historia que pocos conocen, pero que en medio de lo que fue tanto sufrimiento en su momento, hoy hace parte de esa historia que acompaña las bellezas de este paisaje natural que hoy le da otra oportunidad al hombre para que sea explotado de la mejor manera.

