¿Sigue siendo Estados Unidos el país de las oportunidades?

Son millones de personas las que por muchos años han visto a Estados Unidos como el país de las oportunidades o también llamado “sueño americano”.

Son millones de personas las que por muchos años han visto a Estados Unidos como el país de las oportunidades o también llamado “sueño americano”.

Luego de la crisis económica generada por la pandemia del covid-19 muchas cosas quizás han cambiado para muchos.

Lo cierto es que cada quien vive su propia historia y por ende tienen su propia mirada de las cosas.

Habla un experto

El «sueño americano», la idea de que en Estados Unidos la gente puede salir adelante por sus propios méritos, en la actualidad es una «farsa», dice el economista y filósofo Daniel Markovits.

Markovits asegura en una entrevista a la BBC que, «Lo que entendemos por meritocracia es que la gente puede salir adelante con base en sus propios logros, en lugar de por la clase social de sus padres, o su raza, o su sexo, o algún otro atributo».

El filósofo indica que, «pensamos en ello como una manera de dar a toda una oportunidad justa de éxito».

El también profesor de la Universidad de Yale, reconocido por sus amplios trabajos académicos sobre cómo está estructurada la sociedad de EE.UU., afirma que la concepción de que en su país quien persevera alcanza sus metas es equivocada.

Lo llama como título uno de sus libros; ‘La trampa de la meritocracia´, un sistema socioeconómico que no solo evita que las clases medias y bajas aspiren a escalar en los estratos sociales, sino que también afecta a las clases más pudientes.

Club selectivo

El libro de Markovits parte de analizar la creencia de muchas democracias occidentales, con EE.UU. a la cabeza, de que las economías de libre mercado están hechas para promover el talento y la excelencia.

Así las cosas, el llamado «sueño americano que persiguen los estadounidenses y los inmigrantes se basa en la idea de que cualquier persona con habilidad, deseo y perseverancia puede llegar a la cima”.

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El profesor subraya que, «Estados Unidos, de hecho, se ha convertido en una jerarquía de clases muy rígida y selectiva en la que las élites se segregan del resto de la sociedad».

El escritor explica que, los miembros de las familias más ricas, sostienen, que «se casan en diferentes patrones, crian a sus hijos en diferentes patrones, y lo más importante de todo, invierten enormes cantidades de recursos en la educación de sus hijos para que los niños pueden ganar en la competencia meritocrática».

Un ejemplo claro de esto es que de las universidades prestigiosas de EE.UU. de la llamada Ivy League: Brown, Columbia, Cornell, Dartmouth, Harvard, Pennsylvania, Princeton y Yale, salen muchos de los altos ejecutivos, empresarios, economistas, políticos y personas que toman decisiones en el país.

Dice Markovits que, para ingresar en ellas, los estadounidenses e inmigrantes no parten de un terreno parejo desde sus primeros años en la escuela, sino que la aspiración a esas prestigiadas instituciones está determinada en la riqueza de las familias.

Los ricos también salen perjudicados

El economista relata que, luego de invertir decenas de miles de dólares en educación de escuelas de elite, lograr que esa inversión sea devuelta a través de ingresos lleva a muchos profesionales privilegiados a trabajar de forma extenuante y nociva para su bienestar y el de quienes los rodean.

«Tenemos un sistema de educación superior que hace a las personas ser fantásticos banqueros, por ejemplo, pero no grandes ciudadanos; fantásticos administradores de grandes empresas, pero no buenos jefes en el sentido tradicional», dice el profesor universitario.

¿Qué podemos hacer?

En la Universidad de Oxford, institución británica privada que se equipara con las de la Ivy League, su directora de admisiones Samina Khan, cuentan que han logrado la inclusión de hasta 60% de alumnos procedentes de instituciones públicas.

«Estamos muy interesados en captar estudiantes de diferentes orígenes, porque la diversidad de orígenes significa diversidad de pensamiento», dice Khan en declaraciones a la BBC.

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Markovits dice que la forma de educar en países de Europa es un buen ejemplo de una política social incluyente.

“La gente del común en Estados Unidos es mucho menos propensa a escalar en la jerarquía de clases sociales en comparación que la gente común en Alemania o en Dinamarca y en la mayor parte de Europa».

En los países escandinavos, como Suecia o Dinamarca, no hay escuelas de élite y casi todos asisten a las escuelas públicas, según datos oficiales de esas naciones.

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