La red está llena de vídeos de ASMR o respuesta de meridianos sensoriales autónomos, sonidos que generan un cosquilleo en la cabeza que se extiende por la espalda.
Ver, oír o sentir algunos estímulos puede hacer que nuestro cuerpo reaccione con un pequeño hormigueo que suele comenzar en la zona de la nuca y extenderse por el cuello y extremidades, generando una sensación de placer.
Se trata del fenómeno viral que está llenando las redes, el ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response) o respuesta de meridianos sensoriales autónomos.
El origen del término ASMR surgió en 2010 en una página de Facebook en el que un grupo de personas describía los estímulos con los que llegaban a este estado mental de placer y relajación.
Desde entonces YouTube se ha plagado de vídeos sobre esta temática que acumulan millones de reproducciones, e incluso han aparecido youtubers especializados en ello, como la española Ana Muñoz, cuyo canal cuenta con más de 1,32 millones de suscriptores.
También se han multiplicado las playlist de Spotify dedicadas a los sonidos ASMR.
Pero ¿Cómo se produce el ASMR?
Según nos explica Laura Palomares, directora de Avance Psicólogos, la respuesta de meridianos sensoriales autónomos se puede activar ante estímulos táctiles, visuales, auditivos, o una combinación de ellos, aunque lo más común es que se produzca mediante el oído.
Escuchar, por ejemplo, el ruido que hace una esponja, un papel, una cremallera o un susurro, aunque sean palabras ininteligibles, puede desencadenar ese escalofrío placentero.
“Nuestro cerebro está programado para buscar el placer y reproducirlo para sentir bienestar y felicidad. Cuando algo estimula los centros del placer de nuestro cerebro, segregamos dopamina, un neurotransmisor encargado de generar la sensación de bienestar” nos aclara Laura.
“El placer es un aprendizaje: primero experimentamos algo que nos gusta y a continuación lo asociamos a datos que vienen del exterior, elementos sensoriales externos, cosas que oímos, vemos o percibimos a través del tacto, etcétera”, dijo Palomares.
Lo que debe saber
Según un estudio, publicado en la revista Social Neuroscience, las personas que presentaron ASMR tenían una mejor conectividad funcional y un aumento de las conexiones entre la corteza occipital, temporal y frontal.
Otra investigación, publicada en PLOS One, alertaba de que no se trata tan solo de una sensación de corta duración, sino que también tiene efectos fisiológicos en las personas que lo experimentan.
Este es precisamente uno de los reclamos de los vídeos que circulan por internet, en los cuales se promete luchar contra el insomnio o provocar una relajación con los sonidos que reproducen, de ahí que mucha gente los busque como una ayuda para dormir.
En el estudio se encontró que ver vídeos de ASMR puede reducir la frecuencia cardiaca 3,14 latidos por minuto en promedio.
¿Quién puede experimentar ASMR?
La psicóloga Laura Palomares nos responde que aún no hay las suficientes investigaciones científicas como para poder sacar conclusiones, y también nos advierte que hay que tener en cuenta que son experiencias subjetivas.
“Sabemos que es habitual tener este tipo de ‘sensaciones sinestésicas’, por decirlo de algún modo, y que la reacción no es igual para todos, puesto que no todas las personas son capaces de sentir y reaccionar de manera similar ante los mismos estímulos”.
Una investigación llevada a cabo por miembros de la Universidad de Winnipeg (Canadá) y la Universidad Metropolitana de Manchester (Reino Unido) observó que aquellas personas que sienten el ASMR tienen valores más altos en inestabilidad emocional (neuroticismo) y en la apertura a nuevas experiencias.
Por otro lado, tienen peores valores en amabilidad, extroversión y responsabilidad.
Por último, un trabajo publicado en la revista PLOS One, reconoce que las personas que no sienten la respuesta de meridianos sensoriales autónomos no serán capaces de tener esta sensación placentera por mucho que lo intenten.
Historia evolutiva
En la actualidad, nada se sabe con certeza sobre los orígenes evolutivos de la ASMR, ya que el fenómeno perceptivo en sí todavía no se ha identificado claramente como un fenómeno con correlaciones biológicas.
Aun así, una mayoría significativa de las descripciones de la ASMR por parte de aquellos que la experimentan comparan la sensación con la producida por la recepción de un contacto físico tierno, proporcionando ejemplos tales como cortarse o peinarse el pelo.
Esto ha llevado a la conjetura de que la ASMR podría estar relacionada con el acto de acicalamiento.
Las imágenes de los cerebros de los sujetos, obtenidas gracias al IRMf cuando informaron de que experimentaban ASMR, apoyan esta hipótesis.
Lo anterior, porque ya las áreas cerebrales tales como la corteza prefrontal media (asociada con conductas sociales, incluyendo el aseo), y la corteza somatosensorial secundaria (asociada con la sensación de tacto) se activaron de forma más intensa durante los períodos de ASMR.

