El líder opositor ruso encarcelado Alexei Navalny, denunció que fue trasladado nuevamente a una celda de aislamiento y que está soportando unas condiciones “extremadamente infernales”.
Navalny, cumple una condena de 11 años y medio en una colonia penal de alta seguridad por fraude y desacato al tribunal.
Estas acusaciones según él, fueron inventadas por el gobierno de Vladimir Putin para silenciarlo.
Vadim Kobsev, abogado de Navalny, denunció que la salud del preso político se ha venido deteriorando debido a una enfermedad estomacal.
Según el último historial médico de Navalny, este hombre habría perdido ocho kilos de peso.
“Los paquetes con medicinas que envía la madre no son recogidos por la colonia de correos, y no se los entregan”.
Las duras medidas en la cárcel contra el opositor, cuya rutina marca un paseo sobre las siete de la mañana -cuando todavía no hay sol- hacen parte de una sistematizad de torturas.
Rusia lo acorrala
Las autoridades han aumentado la presión sobre Navalny desde que sufrió una intoxicación con Novichok de la que el principal sospechoso es el gobierno ruso.
La sentencia que está cumpliendo había sido suspendida, pero Navalny fue arrestado por violaciones de la libertad condicional.
En junio, la fundación de Navalny fue declarada “extremista”. No fue el último golpe: las autoridades bloquearon los sitios web administrados por su gente, acusándolos de distribuir propaganda.
El crítico ha liderado protestas nacionales contra las autoridades, pero nunca pudo desafiar a Putin en las urnas.
Ya lo intentó en las elecciones presidenciales de 2018, pero su candidatura fue vetada por un tribunal por malversación de fondos.
Navalny siempre ha negado vehementemente dichas acusaciones, y asegura que sus disputas legales son represalias del Kremlin por sus feroces críticas.
El intento del envenenamiento
La batalla de Navalny contra Putin se ha vuelto intensamente personal. El opositor acusa al mandatario de haber ordenado a agentes del estado que le envenenaran, un atentado que casi le mata en agosto de 2020.
Navalny colapsó durante un vuelo sobre Siberia y fue llevado de emergencia a un hospital en Omsk, en el centro del país, dice la BBC Mundo en una nota.
Luego cayó en coma, y una organización humanitaria con sede en Alemania persuadió a funcionarios rusos para que le permitieran trasladarle a Berlín y tratarle.
Días después, el 2 de septiembre, el gobierno alemán reveló que las pruebas realizadas mostraban “signos inequívocos” de envenenamiento por agente nervioso Novichok.
Se trata del mismo químico por el que casi mueren el exespía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia en Inglaterra en marzo de 2018.
El Kremlin ha negado cualquier rol en el ataque sufrido por Navalny, al que Putin siempre evita nombrar en público.
Pero el mandatario sí admitió que el Estado ha mantenido bajo vigilancia al opositor, alegando vínculos con espías estadounidenses.
A pesar de las negativas oficiales, el grupo de investigación periodístico Bellingcat ha publicado que el Servicio Federal de Seguridad (FSB, por sus siglas en inglés) sí ha perseguido a Navalny.
Una piedra en el zapato
Navalny lleva varios años siendo un obstáculo para el Kremlin, pero también acumula críticas de otros grupos opositores que le acusan de nacionalista.
En 2014, cuando le preguntaron en una estación de radio sobre la anexión de la península de Crimea en Ucrania, dijo que aunque Crimea había sido “apoderada” violando el derecho internacional.
“La realidad es que Crimea es ahora parte de Rusia. Crimea es nuestra”.
Su ascenso como fuerza en la política rusa comenzó en 2008, al denunciar en su blog las malas prácticas y la corrupción en algunas de las grandes corporaciones controladas por el Estado en Rusia.
Una de sus tácticas fue convertirse en accionista minoritario de las principales compañías petroleras, bancos y ministerios, y hacer preguntas incómodas sobre irregularidades en las finanzas estatales.
En redes sociales, sus seguidores son predominantemente jóvenes y se dirige a ellos con un lenguaje agudo y contundente, burlándose del establishment leal al presidente Putin.
Antes de las elecciones parlamentarias de 2011, en las que no se presentó como candidato, instó a los lectores de su blog a votar por cualquier partido excepto Rusia Unida -el de Putin-.
Rusia Unida ganó las elecciones, pero con una mayoría muy reducida, y su victoria se vio empañada por acusaciones generalizadas de manipulación de votos que provocaron protestas en el país.
Los datos sueltos
Alexei Navalni es un abogado y político de 46 años, nacido en una población de Moscú, que está considerado el principal opositor al régimen de Putin, aunque las autoridades rusas niegan su popularidad.
Se graduó de derecho en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos de Moscú en 1998. Obtuvo una beca del programa World Fellows la Universidad de Yale en 2010.
Navalny fue arrestado y encarcelado durante 15 días después de la primera protesta, el 5 de diciembre de 2011, pero salió a tiempo para hablar en la mayor de las manifestaciones postelectorales en Moscú, el 24 de diciembre de ese año.
Se calcula que a la misma asistieron unas 120.000 personas.
Putin, sin embargo, fue fácilmente reelegido. Y el poderoso Comité de Investigación de Rusia lanzó investigaciones criminales sobre las actividades previas de Navalny, cuestionando incluso sus credenciales de abogado.
Cuando fue encarcelado brevemente en julio de 2013 por malversación de fondos, la condena de cinco años fue ampliamente considerada como una decisión política.
Y, contra todo pronóstico, se le permitió salir de la cárcel para participar en las elecciones a la alcaldía de Moscú, en las que quedó segundo con el 27% de los votos.
El resultado, sin embargo, se consideró un gran éxito, ya que Navalny no tenía acceso a la televisión estatal: dependía solo de internet y del boca a boca.
Su lucha por Rusia
En una ocasión, Navalny dijo a la BBC que lo mejor que podían hacer los estados occidentales por la justicia de Rusia era tomar medidas enérgicas contra el “dinero sucio”.
“Quiero que se prohíba la entrada a estos países y se les rechacen visas a la gente involucrada en la corrupción y persecución de los activistas”, dijo.
Cuando Navalny fue encarcelado en 2013, le dijo al juez que pelearía con sus compañeros “para destruir el estado feudal que se está construyendo en Rusia.
A pesar de su red anticorrupción bien organizada, existen dudas sobre su capacidad para movilizar un apoyo significativo más allá de Moscú y algunas otras ciudades.
La lista de opositores muertos de Putin
Valentín Tsvetkov (2002)
Tsvetkov , gobernador de Magadán, en el Extremo Oriente ruso, encontró la muerte en octubre del 2002, con un certero disparo en la céntrica Novi Arbat, una de las calles más turísticas y comerciales de Moscú.
La policía atribuyó el asesinato a la obra de alguna de las mafias que funcionan en aquella región a orillas del océano Pacífico. Putin declaró el asesinato había sido un «ataque contra el Estado».
Se trataba del dirigente de mayor rango que había sido asesinado en los 12 años transcurridos desde la desintegración de la Unión Soviética.
Vladímir Golovliov (2002)
Golovliov era diputado de la Duma y copresidente del partido Rusia Liberal cuando fue asesinado en la mañana del 21 de agosto de 2002 en plena calle en Moscú.
Paseaba tranquilamente con su perro por un parque próximo a su domicilio y ya no regresó.
Su cadáver ha sido hallado poco después, con un balazo en la cabeza, en el barrio residencial Mítino donde residen numerosos diputados.
Serguéi Yuschenkov, otro de los copresidentes de la formación, aseguró que «este asesinato tiene un indudable carácter político».
Hacía años que estaba enemistado con Putin. No hubo sospechosos.
Yuri Shchekochijin (2003)
Shchekochijin, vicepresidente del Comité de Seguridad de la Duma Estatal, falleció repentinamente a los 53 años en el Hospital Clínico Central del Kremlin.
Era también periodista del periódico opositor ‘Nóvaya Gazeta’, uno de los más célebres defensores de derechos humanos de Rusia y un infatigable luchador contra el crimen y la mafia.
Hasta el momento de su muerte no se le había diagnosticado ninguna enfermedad concreta.
Los médicos aseguraron que la causa fue una fuerte alergia, aunque según sus compañeros fue envenenado con talio. La investigación finalizó en el 2009… sin resultado.
Serguéi Yushenkov (2003)
El diputado de la oposición liberal Serguei Yuchenkov fue asesinado por varios disparos en Moscú, uno de los cuales le alcanzó en el pecho.
Era también miembro del partido Rusia Liberal, tenía 52 años y se había convertido en uno de los políticos más críticos con Putin por iniciar las guerra contra Chechenia en la que participan las tropas federales rusas desde octubre de 1999.
Un año después fueron detenidas cuatro personas por su implicación, que como en tantas otras ocasiones, nunca salpicó al Kremlin.
Paul Klebnikov (2004)
Era editor de la edición rusa de la revista ‘Forbes’ cuando un coche lleno de pistoleros pasó por las puertas de su oficina, en julio de 2004, y le acribillaron cuando este salía.
De nacionalidad estadounidense, la víctima fue el undécimo periodista muerto durante la era Putin, según el Comité para la Protección de los Periodistas.
Al ser de nacionalidad estadounidense, el portavoz del Departamento de Estado de dicho país, Richard Boucher, indicó que la Casa Blanca había ofrecido ayuda en la investigación, pero que Moscú la había rechazado.
En el año 2006, los fiscales acusaron de organizar el asesinato a Jozh-Ajmed Nujáyev, uno de los líderes de la mafia chechena sobre quien Klébnikov había escrito.
La investigación se reabrió en el 2009, pero hasta ahora no ha dado resultado.
Alexander Litvinenko (2006)
Es el caso más famoso de cuantos conocemos. EL 23 de noviembre de 2006, Aleksander Litvinenko , exespía del KGB, moría en un hospital de Londres.
Tres semanas antes, había comido en un restaurante con dos agentes de los servicios secretos rusos.
Según las conclusiones de la investigación, ambos le hicieron ingerir una dosis de polonio-210, un material radiactivo que destruyó su organismo.
Las pruebas eran incontestables, porque se encontraron restos de esa sustancia en la casa y el coche de uno de los matones que le envenenaron antes de desaparecer.
Anna Politkovskaya (2006)
Anna Politkovskaya se convirtió en una de las activistas por los derechos humanos más críticas con la guerra de Rusia en Chechenia que Putin inició nada más subir al poder.
Los años previos al crimen, esta periodista del diario ‘Nóvaya Gazeta’ publicó una serie de artículos denunciando los abusos del Ejército ruso en aquel territorio.
«Se temía que algo le iba a ocurrir», señaló a ABC hace cinco años la periodista rusa Olga Syrova en referencia al asesinato de su compañera, que tuvo lugar en octubre de 2006, cuando la dispararon cuatro veces en la entrada de su departamento de Moscú.
Anastasia Baburova y Stanislav Markelov (2009)
Dos asesinatos por uno. Eso fue lo que se cobró un sicario enmascarado en enero de 2009, cuando disparó y mató a Stanislav Markelov, un abogado de derechos humanos.
Conocido también por su trabajo sobre los abusos de los soldados rusos en Chechenia, y ejecutó en el mismo instante a la periodista Anastasia Baburova, del mismo diario ‘Novaya Gazeta’, cuando lo intentó detener al criminal.
El mismo director de su periódico no descartó, sin embargo, que hubiera sido también uno de los objetivos, pues investigaba el empleo de torturas y guerra sucia en el conflicto de aquel territorio.
Natalya Estemirova (2009)
La activista de derechos humanos y periodista Natalia Estemírova , que documentaba los secuestros en Chechenia, fue también secuestrada junto a su domicilio en la capital chechena, Grozni, en julio de 2009.
Su cuerpo sin vida fue hallado horas después con disparos en la cabeza y en el pecho en una autopista. «Tan solo le dio tiempo a gritar que la estaban secuestrando», aseguró activista de la organización estadounidense Human Rights Watch.
Tenía 50 años y se había dedicado a documentar los secuestros, ejecuciones sumarias, torturas y otros abusos contra civiles desde la primera guerra chechena.
Boris Berezovsky (2013)
Este poderoso hombre de negocios, cuyo asesinato se ecargó supuestamente a Litvinenko en los años 90, acusó al Kremlin de matar al exagente de la KGB.
Durante años, además, apoyó a su viuda para impulsar una investigación sobre la muerte de su esposo.
Cuando más se implicaba en esclarecer los hechos, más temía por su vida, hasta el punto de que terminó por autoexiliarse a Gran Bretaña en el año 2000.
Eso, sin embargo, no pareció ser suficiente y, en 2013, apareció muerto en su casa con una soga alrededor del cuello. El médico forense no pudo determinar si se trató de un suicidio o no.

