América del Sur es una región muy diversa, no solo el aspecto social, cultural y demográfico, tambien en lo político, lo que la ha traído con ello una inestabilidad en sus países ya que no logran unificar criterios sobre las bases de políticas de Estado.
Esto ha llevado a cambios continuos del enfoque de políticas monetarias por dar un ejemplo, en los países de la región, se ha generado constantes conflictos internos como externos con distintos desenlaces.
En la actualidad, podemos reconocer 3 tipos de sistemas económicos en esta zona de Occidente.
Entre ellos los netamente capitalistas, economías abiertas, los cuales se basan en el modelo del libre mercado, países como Chile, Colombia, y Perú.
Estos han adoptado los modelos económicos de Estados Unidos, aunque con un grado menor de economía mixta, sin ser claramente distinguible.
Por otro lado, existen los países que si bien, sostienen una estructura de apertura al mundo, mantienen modelos más orientados a la Economía social de mercado o de economías mixtas.
Casos de Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador, Bolivia y Paraguay que, ejercen un cierto control y normativas con el fin de regular el libre mercado.
Finalmente existen aquellos países que sostienen economías cerradas o semi-cerradas con un espectro mucho más radicalizado.
Como es el caso de Venezuela que mantiene relaciones económicas con países exclusivos, aunque tiene un leve enlace comercial con Estados Unidos y Europa.
La furia de los pueblos
Lo que hemos escuchado de la gente en los diferentes países que han pasado por situaciones de convulsiones sociales en los últimos años, es que están furiosos.
En Venezuela todo surgió tras querer acabar con la dictadura de Maduro, en Ecuador, por ejemplo, el detonante fue la eliminación del subsidio a los combustibles.
Mientras que, en Chile, el aumento en la tarifa del metro y en Bolivia, la causa fue la insistencia del expresidente Evo Morales de mantenerse en el poder.
Asimismo, en Colombia, fue la desigualdad y falta de oportunidades en general, en Perú la corrupción por parte de los poderes públicos y en Brasil un aparente descontento contra Lula.
Y aunque las protestas han mermado, las causas de la inestabilidad siguen sin resolverse.
¿Cuál es el común denominador? La gente siente que sus gobiernos no actúan motivados por la defensa de los intereses del pueblo.
Ya sea porque los líderes de un país se han corrompido por una ideología que no funciona para nadie, excepto para aquellos que ostentan el poder (como en Venezuela).
O sencillamente, porque las políticas del gobierno solo han beneficiado a algunos, tal como ocurrió en Chile.
Las ideologías
Hay dos ideologías en choque que se disputan el poder en la región.
Los peronistas populistas se aprovecharon de las medidas de austeridad implementadas por Mauricio Macri, de centro-derecha, para derrotarlo en las últimas elecciones.
Seguidores del expresidente de Ecuador, el izquierdista Rafael Correa, también realizaron violentas protestas cuando su sucesor, Lenin Moreno, anunció el fin de los subsidios a los combustibles.
No perdamos de vista que Moreno viene del mismo partido que Correa y que fue su vicepresidente, pero que tras llegar a la presidencia denunció las políticas de su antecesor.
En Bolivia, Evo Morales se vio obligado a renunciar a la presidencia, lo que abrió la posibilidad de que legisladores de derecha formaran un gobierno interino.
Al igual que otras regiones en el mundo, Suramérica se está convirtiendo en una región cada vez más polarizada.
Los que ostentan el poder se han dado cuenta de que culpar a sus enemigos políticos por cualquier mal que afecte a sus países es una buena movida política.
Esta situación puede exacerbar la agitación social; lo que, a su vez, crear la apariencia de mala administración del gobierno y aumenta la insatisfacción social. Así se genera un círculo vicioso.
Esta situación crea un ambiente político tóxico en el que se desprecia el consenso y se favorece el antagonismo y la discordia.

