Expertos aseguran que China se convertirá en la super potencia en 2023 y habrá un cambio total en la economía global

Pero para el año 2100, los investigadores esperan una historia muy diferente con China e incluso India como las dos potencias hegemónicas más importantes para la economía mundial.

Se estima que el crecimiento del PIB chino aumente al 5 % en 2023 desde el 3 % en 2022, ayudado por el gasto en infraestructura.

Un cambio en la fortaleza del dólar debería respaldar la deuda de China en 2023, explican algunos expertos.

David Rees, economista sénior de mercados emergentes, dijo que hay razones para pensar que habrá alguna mejora. El gasto en infraestructura ha sido boyante en 2022.

“Los indicadores de vivienda pueden haber comenzado a encontrar un piso y podrían experimentar cierta recuperación en 2023 desde una base muy baja”.

Agregó que Rees que, “esto ayudaría a desencadenar la recuperación cíclica que los indicadores adelantados han estado sugiriendo durante un tiempo que se pondrá en marcha a medida que nos acerquemos a 2023”.

Es probable que los mercados de renta variable de China sigan influidos por el contexto macroeconómico mundial.

En particular, el alcance de las futuras subidas de tipos y si EE. UU. y la UE experimentan aterrizajes suaves o duros en términos de sus desaceleraciones económicas.

“Un pico en el ciclo de las tasas de interés de EE. UU. podría quitarle el calor al dólar estadounidense, lo que debería ayudar a la liquidez en las economías como la China”, dijo David.

China en los próximos años

En una coyuntura cuando menos excepcional, un nuevo estudio distribuido por la Oficina Nacional de Investigación Económica plantea ¿Quién dominará la economía mundial en los próximos años?

Basado en datos demográficos de la ONU y fiscales del FMI “cuidadosamente calibrados”, el estudio elaboró un modelo bautizado como Global Gaidar (GGM, por sus siglas en inglés).

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Este analiza cinco variables: crecimiento de la población, envejecimiento de la población, recuperación de la productividad, ajuste fiscal y automatización.

A partir de 2017, Europa occidental y China representaron cada uno alrededor del 17% del PIB mundial, mientras EEUU el 16%.

Pero para el año 2100, los investigadores esperan una historia muy diferente, con China e India como las dos potencias hegemónicas más importantes para la economía mundial.

Los creadores del GGM estiman que para esas fechas, ambas regiones representarán el 27% y el 16% del PIB mundial, respectivamente, con una participación de EEUU y Europa occidental de aproximadamente el 12% cada uno.

Lo que se previa tras la pandemia

China salió menos dañado que Estados Unidos de la crisis de la pandemia. Es el único país grande que tuvo crecimiento del PIB en 2020.

Eso le permite adelantar el momento en el que se convertirá en la mayor economía del mundo. Será en 2026, proyecta la japonesa Nomura Holdings. En el 2028, según el think tank inglés CBRE. En Oxford Economics anticipan que será en 2029.

Los cálculos de estos expertos parten de un supuesto: China crecerá a una tasa superior al 5% entre el 2021 y el 2025 y mantendrá un crecimiento superior a 4% en los años siguientes.

Estados Unidos tendrá un fuerte crecimiento en el 2021, pero no crecerá arriba de 3% en ninguno de los años posteriores al 2022.

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El rebase en el tamaño del Producto Interno Bruto no es suficiente para convertir a China en la mayor potencia económica del mundo, pero es un paso muy importante y un símbolo a prueba de ciegos.

Para conseguir el cetro, el Dragón tendrá que convertirse en el hegemón global en temas cruciales como poder financiero y tecnológico.

Deberá avanzar más en eso que los expertos en geopolítica denominan soft power, convertirse en una referencia obligada en la forma de hacer las cosas.

Sin embargo, Estados Unidos no se borrará del mapa, ni tampoco cederá el terreno sin pelear.

En el frente financiero tratará de mantener el papel del dólar como la moneda de referencia y a Wall Street como el mercado financiero más relevante del mundo.

Porque el dólar es la moneda dominante, Estados Unidos puede “imprimir” billetes a discreción y trabajar con déficit fiscales más propios de una república bananera que de una potencia mundial.

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