¿Usted es olvidadizo y deja las cosas tiradas en la calle? Entonces debería vivir en este país

Según la Ley de la propiedad perdida japonesa, que entró en vigor desde el 2006, en la que exige que “aquellos que encuentren artículos los devuelvan a su dueño, a la Policía o a otra autoridad designada, como una oficina de objetos perdidos”.

Alrededor de 126 millones de personas que viven en Japón pierden una gran cantidad de artículos personales cada año, pero un gran porcentaje vuelve a sus legítimos dueños.

Un artículo publicado por BBC Mundo dice que el 83% de estos objetos son recuperados por sus dueños.

De acuerdo con la información recopilada, “si después de tres meses no se puede encontrar al propietario de un objeto, la propiedad pasa a la persona que lo encontró o al gobierno municipal”.

El sistema del país asiático tiene un completo esquema de combinación de infraestructura, estímulos legales y normas culturales.

Lo anterior, permite un conjunto de acciones eficientes que durante mucho tiempo ha sorprendido al mundo.

¿Cómo funciona?

Todo inicia en las comisarías de Policía local denominadas ‘koban’. Pequeñas oficinas distribuidas por varios puntos de las ciudades.

En todo el país asiático se pueden encontrar estratégicamente repartidas unas 6.300 para servir como principal punto de contacto de la mayoría de los residentes con la Policía.

Datos de la Policía de Tokio señalan que en su área metropolitana más de 4,1 millones de artículos extraviados son entregados a la Policía cada año.

En el todo Japón unos 26,7 millones de objetos fueron reportados como desaparecidos; Carteras, bolsos y paraguas son los artículos más comunes entregados, junto con dinero en efectivo.

En Tokio, después de que los agentes del koban llenen un informe sobre el artículo perdido, en el que se incluyen los datos de la persona que lo entrega, los objetos se llevan a una comisaría en la que permanecen un tiempo hasta ser enviado al centro de objetos perdidos de la Policía.

Educación

No vale solo tener un gran sistema estructurado, si no también “fomentar una cultura que promueva la devolución de la propiedad perdida, y en Japón, esto empieza desde una edad temprana”, dicen las autoridades en diferentes reportes de prensa de ese país.

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El 83% de los teléfonos móviles extraviados en Tokio volvieron a sus legítimos dueños.

Ley de propiedad

Según la Ley de la propiedad perdida japonesa, que entró en vigor desde el 2006, en la que exige que “aquellos que encuentren artículos los devuelvan a su dueño, a la Policía o a otra autoridad designada, como una oficina de objetos perdidos”.

En el artículo 28 de esta ley establece una recompensa del 5 al 20% del valor del artículo devuelto, en los casos en que se encuentre el propietario.

“Para los artículos que no se reclaman, el descubridor tiene derecho a quedárselo después de que hayan transcurrido tres meses, a excepción de productos como teléfonos o artículos que tienen información personal. Sin embargo, las personas que los han encontrado pueden rechazar la recompensa y/o permanecer en el anonimato”.

El budismo y su conducta

Un ciudadano japonés le dijo a la BBC que, «los occidentales se sorprenden al escucharlo, pero las motivaciones detrás de esta supuesta honestidad son mucho más complejas y están arraigadas en la sociedad japonesa”.

El asiático dijo que, “están condicionados por un miedo que deriva de las creencias budistas en la reencarnación. A pesar de que muchos ciudadanos nipones no se identifican con una religión organizada, sí que conservan las prácticas populares sintoístas y budistas, que hacen énfasis en la existencia espiritual más allá de la muerte».

Explica también que, “mientras ustedes como sociedad católica pueden confesarse del mal que hagan, nosotros los budistas no podemos”.

Dijo la fuente del medio británico que quizá “tenga que ver con nuestra manera de comportarnos frente al grupo: las personas en el este de Asia comparten rasgos colectivistas, priorizan a los demás y participan en comportamientos que benefician al grupo, igual que los suecos tienen grabada a fuego en la piel su ‘Ley de Jante’, que apela a un comportamiento típicamente escandinavo donde se piensa más en el grupo y se retrata negativamente la vanidad”.

Dice además que, por eso los occidentales tienen rasgos más individualistas, a menudo motivados egoístamente.

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