El impacto de la narcocultura en Colombia

Según el exnarcotraficante, convertido en escritor Andrés López López, "la gente siente identidad cultural hacia el capo. Ven un héroe, un hombre de clase baja que consigue dinero".​

Lo primero que hay que decir, es que la narcocultura se refiere a la influencia cultural que ejerce el narcotráfico sobre una sociedad, a los gustos generalizados y popularizados por narcotraficantes.​

La narcocultura ha afectado con particularidad a cada sociedad que ha tocado, pero en la que se ven estructuras mafiosas imponiendo costumbres y tendencias sobre el resto de la población, en algunos casos sin o poca ética y estética.​

La narcocultura tuvo su origen en la década de 1960 en Estados Unidos, México y Colombia,3​ la principal ruta del tráfico de marihuana, cocaína y heroína, donde tomaron aspectos de las culturas autóctonas y adoptaron conductas relacionadas al narcotraficante y al consumo de drogas.

El fenómeno de la narcocultura, ha afectado diferentes aspectos culturales como la música, la literatura, la moda, el arte, la arquitectura, costumbres y modo de vida, vehículos, estética corporal, pero ante todo la normalización de la violencia, el culto a las armas y el «todo vale».​

Según el exnarcotraficante, convertido en escritor Andrés López López, «la gente siente identidad cultural hacia el capo. Ven un héroe, un hombre de clase baja que consigue dinero».​

Cuando estas organizaciones criminales toman el control del gobierno en un país se le llama narcoestado.

Los inicios del narcotráfico en Colombia

El narcotráfico en Colombia inició con la exportación de marihuana hacia Estados Unidos y Europa en la década de 1970, conocida como «La bonanza marimbera».

Los nuevas mafias de ricos empezaron a influenciar y ostentar sus riquezas.

Dada las diferentes características culturales de Colombia, cada región experimentó la narcocultura de manera distinta, bajo influencia de la radio, el cine (Hollywood), la televisión y la literatura de Estados Unidos quienes luego del fin del prohibicionismo y el impulso en los años 60 por la legalización de las drogas, empezó a romantizar las organizaciones criminales.

Narcopolítica

En algunos casos, sectores de la sociedad empezaron a aceptar a miembros de estas mafias en lo político, económico y cultural.

Los políticos empezaron aceptando donaciones o apoyos por partes de los narcos, en lo que en la década de 1980 se empezó a denominar como la «narcopolítica» y «dineros calientes» a los «narcodineros».

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Los narcos empezaron a apoyar campañas políticas y a comprar votos o arreglar elecciones en favor de su candidato predilecto.

A finales de la década de 1970 e inicios de la década de 1980, los contrabandistas de marihuana también empezaron a traficar con drogas como la cocaína, encabezados por el cartel de Medellín.

Los carteles empezaron a agruparse en ciudades donde había estructuras de logística desarrolladas y donde se facilitaba el acopio y transporte al resto del mundo.

Como Bogotá y (Cartel de Bogotá), Medellín y Eje cafetero (Cartel de Medellín), Santiago de Cali y Buenaventura (Cartel de Cali), Barranquilla, Santa Marta, Riohacha y Cartagena (Cartel de la Costa).

Mientras que las guerrillas ya establecidas en zonas aptas para la producción cocalera, sirvieron como mano de obra y centros de producción de material base de coca e insumos.

El epicentro de la droga pasó de la región Caribe colombiana, a Bogotá, Medellín y Cali. Las mafias también dominaban centros de prostitución y microtráfico de drogas.

La Parapolítica

Este fue el nombre con el que se le conoce al escándalo político desatado en Colombia a partir de 2006 por la revelación de los vínculos de políticos con grupos guerrilleros paramilitares, con posterioridad al proceso de desmovilización que adelantaron varios de los grupos que conformaban las Autodefensas Unidas de Colombia.

En Colombia se llama «paramilitares» a los grupos armados ilegales de extrema derecha que se autodenominan como autodefensas y que están generalmente ligados al narcotráfico.

Según las investigaciones y condenas judiciales, varios dirigentes políticos y algunos funcionarios del Estado se beneficiaron de estas alianzas por medio de la intimidación y la acción armada de los grupos paramilitares contra la población civil.

Algunos alcanzaron cargos en alcaldías, concejos, asambleas municipales y gobernaciones así como en el Congreso de la República y otros órganos estatales.

​A su vez algunos de los políticos desde sus cargos desviaron dineros para la financiación y conformación de grupos armados ilegales y filtraron información para facilitar y beneficiar las acciones de estos grupos dentro de las que incluyen masacres, asesinatos y desplazamiento forzado.

El escándalo se desató en medio de revelaciones de medios de comunicación, sectores políticos e investigaciones judiciales que desencadenaron la detención y condena de varios congresistas y otros políticos en ejercicio dando lugar a fuertes debates y controversias que polarizaron la opinión pública.

La vinculación al proceso de investigación por parte de la Fiscalía General de la Nación y de la Corte Suprema de Justicia de funcionarios y políticos cercanos al entonces presidente de la República Álvaro Uribe Vélez, afectaron las relaciones internacionales de ese gobierno con el Congreso de los Estados Unidos y con diferentes organizaciones de Derechos Humanos.

A la vez que generaron un fuerte enfrentamiento entre la Corte Suprema de Justicia y el gobierno de Uribe quienes se acusaron mutuamente de conspiración.

Igualmente se vio fuertemente cuestionada la legitimidad del Congreso de la República debido al creciente número de Congresistas implicados en el escándalo.

La narcoestética

Lo narco no es solo un tráfico o un negocio; es también una estética, que cruza y se imbrica con la cultura y la historia de Colombia.

Hoy se manifiesta en la música, en la televisión, en el lenguaje y en la arquitectura.

Hay una narcoestética ostentosa, exagerada, grandilocuente, de autos caros, siliconas y fincas, en la que las mujeres hermosas se mezclan.

A lo mejor, argumenta el artículo, la narcoestética es el gusto colombiano y también el de las culturas populares del mundo.

No es mal gusto, es otra estética, común entre las comunidades desposeídas que se asoman a la modernidad y solo han encontrado en el dinero la posibilidad de existir en el mundo.

Mucho se habla de lo narco como una ética pero su mejor autenticidad es estética. La verdad, los narcos molestan por sus gustos, pero su dinero nos hace bien. ¿Pero qué hacer cuando toda una sociedad se comporta de modo narco?

Creer que les tenemos envidia porque ellos y ellas sí tienen el dinero y el atrevimiento social para exponer su gusto ostentoso, exagerado y desproporcionado.

Asumir que ellos y ellas sí fueron capaces de elevar su gusto a estatus social del éxito. Reconocer que pasaron de nosotros, los supuestamente ilustrados. Pasaron de nosotros y eso jode.

La narcoestética y las mujeres

“En Colombia las niñas crecen en un mundo donde son vistas como objetos decorativos y donde la cirugía plástica manda». Con ese postulado, el diario británico The Guardian publicó un reportaje gráfico en el que retrata una porción de ese mundo que es la narcoestética.

Con los testimonios de jóvenes como Tatiana y Estefanía, que empezaron a realizarse cirugías plásticas a los 15 años.

El periodista y fotógrafo Manuela Henao da cuenta del mercado que se mueve alrededor de la belleza femenina: desde procedimientos estéticos, pasando por productos para suprimir el apetito; hasta piñatas con enormes senos.

El reportaje recoge testimonios como el de la modelo Alejandra Ramírez, de 23 años, quien cuenta que ha gastado 16,5 millones de pesos en liposucciones, implantes de seno y hasta implantes en los glúteos.

Estos últimos, cuenta la mujer, tendrán que ser retirados porque fueron hechos por un médico no calificado y ponen en riesgo su salud.

Colombia está entre los 5 países del mundo donde más cirugías plásticas se realizan.

Según estadísticas de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, al año se realizan más de 420.000 de estos procedimientos; muchos de ellos con menores de edad. Cali y Medellín son las ciudades donde más procedimientos se registran.

La música y la apología al narcotráfico

Tomado/ cerosetenta.uniandes.edu.co

La Cruz de marihuana, Grupo exterminador: Con esta canción inició, en 1996, el movimiento de narcocorridos en Colombia, según Alirio Castillo, el productor colombiano de música norteña y de despecho.

Para él “la cruz de marihuana, sin ser un tema planeado para liderar un movimiento, fue el punto de partida para crear la serie en 1997, con la aparición del primer CD de Corridos Prohibidos”.

Los compositores colombianos encontraron en este género y sus adaptaciones un medio de expresión para narrar la naciente contracultura colombiana de la coca.

Dando con los ingredientes para configurar una lírica descriptiva de aquellas epopeyas que deseaban dar a conocer.

El género musical se transformó en el consignatario de sus confidencias. Son historias que los entendidos convierten en noticias con nombres y lugares puntuales.

Orígenes de la narco cultura

Su origen se remonta a mediados de 1976 cuando grupos de pequeños traficantes de drogas que traían base de coca de Perú y la procesaban en la ciudad de Medellín se empezaron a asociar para crear una empresa ilegal que debido a los impresionantes ingresos derivados del narcotráfico creció económica y militarmente.

Su cabeza visible fue Pablo Escobar Gaviria (El Patrón), originario de Envigado, Antioquia; Gonzalo Rodríguez Gacha (El Mexicano) originario de Pacho, Cundinamarca quien ya había sido traficante de esmeraldas.

Fue entonces que se creó el Cartel de Medellín, una red organizada de «proveedores de drogas y contrabandistas», originario de la ciudad de Medellín, Colombia.

El cártel funcionó en Colombia, Bolivia, Perú, América Central, Estados Unidos, así como Canadá e incluso de Europa a lo largo de los años 1970 y 1980. Fue fundada y dirigida por los hermanos Ochoa Vázquez, Jorge Luis, Juan David y Fabio, junto con Pablo Escobar.

En 1993, el gobierno colombiano, ayudado por los EE.UU., había desmantelado exitosamente el cartel por encarcelar o la caza y matar a tiros a sus miembros.

El narcotráfico Y los jóvenes

El narcotráfico en América Latina se ha caracterizado por el uso de métodos ingeniosos para traficar de forma ilegal cocaína, como submarinos caseros, usar personas para que trafiquen la droga en aeropuertos, hacer catapultas entre otros.

Según una investigación de la Armada Nacional y la Fiscalía General de Colombia, se ha encontrado una nueva forma de tráfico de estupefacientes, que consiste en que jóvenes entre los 16 los 24 años de zonas playeras, que sean buenos nadando y de familias de escasos recursos, carguen con cocaína embarcaciones que se encuentran en movimiento en altamar.

A esta modalidad le han dado el nombre de ‘micos’ o ‘trepadores’ porque, luego de alcanzar la embarcación, los jóvenes deben escalar por una soga unos 15 metros hasta llegar a la superficie del barco.

El sicariato

Es una persona que mata a alguien por encargo de otro, por lo que recibe un pago, generalmente en dinero u otros bienes.

Algunos términos sinónimos son, por ejemplo, asesino a sueldo, pistolero y rompe piernas

El sicariato es un delito en el cual se realizan asesinatos por encargos, por gustos o conveniencia, en la mayoría casos de jóvenes

Actualmente está en auge, y es un problema social que se encuentra en mayor parte en el narcotráfico.

Los narcotraficantes se proveen utilizando delincuentes comunes y en el caso más grave menores de edad.

Según investigaciones se encuentra que el homicidio sigue siendo la manera de muerte violenta más frecuente en países como México, Venezuela, Ecuador y Colombia.

Los Encargados de este delito buscan menores de edad por su condición jurídica.

Percepción de Colombia en el extranjero.

Colombia es un país con un posicionamiento histórico negativo en mercados internacionales.

Si bien los gobiernos y los prescriptores han dedicado esfuerzos por mejorarla, la percepción del extranjero se mantiene polarizada, es decir, todavía el país es asociado con el café y con el narcotráfico.

El país suramericano ha tenido que luchar contra el estigma del narcotráfico que no ha sido fácil de retirar del imaginario del extranjero y aún cuan do siguen perdurando estas mafias (con menor impacto).

  • Imagen de portada tomada/ diezminutos.es
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