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“Doy la gloria a Dios” Cirujano afirma que invita a Jesús a cada cirugía y se considera solo un instrumento

Un cirujano cardiovascular explica por qué integra su fe cristiana a su trabajo médico y cómo esa convicción personal influye en su manera de ejercer la medicina.

En un quirófano no hay espacio para la improvisación. Cada movimiento cuenta. Cada decisión pesa. Para Orlando López de Victoria, el cirujano que invita a Jesús a cada cirugía, ese instante previo a operar incluye algo más que revisar protocolos o instrumentos. Según ha contado en entrevistas, antes de cada intervención encomienda su trabajo a Jesús y asume que sus manos son solo un instrumento.

No lo presenta como una práctica médica ni como una garantía de resultados. Para él, se trata de una convicción personal que convive con años de estudio, experiencia quirúrgica y el rigor que exige la medicina moderna.

Una fe que no sustituye la ciencia, fe en la medicina

López de Victoria ha sido claro al explicar que la fe no reemplaza el conocimiento médico. La cirugía cardiovascular se sostiene sobre preparación académica, tecnología y trabajo en equipo. Aun así, reconoce que existen límites humanos frente a la vida, la recuperación y los procesos biológicos que no siempre pueden controlarse.

Desde esa mirada, su fe funciona como un recordatorio constante de humildad. No se atribuye el resultado absoluto de una operación y entiende cada procedimiento como una responsabilidad que va más allá de lo técnico.

Humildad en una especialidad de alta presión

La cirugía del corazón es una de las áreas más complejas de la medicina. Las decisiones se toman en segundos y el margen de error es mínimo. En ese contexto, el cirujano ha señalado que su fe le aporta serenidad en momentos de máxima presión.

Esa calma le permite mantener enfoque y claridad cuando cada detalle cuenta. También influye en la manera en que enfrenta situaciones adversas, donde el desenlace no siempre depende únicamente del esfuerzo humano.

El impacto en la relación con los pacientes

Para muchos pacientes y familias, una cirugía cardíaca representa miedo, incertidumbre y espera. López de Victoria ha explicado que su forma de ejercer la medicina busca transmitir tranquilidad y confianza, sin imponer creencias ni discursos religiosos.

Su enfoque se basa en el respeto. La fe, insiste, es una vivencia personal que no interfiere con el trato médico ni con las decisiones clínicas. Sin embargo, considera que actuar desde una convicción profunda de servicio influye en la forma de acompañar a quienes atraviesan momentos críticos de salud.

Ciencia y espiritualidad en un mismo espacio

El testimonio de este cirujano que invita a Jesús a cada cirugía no plantea un conflicto entre ciencia y religión. Por el contrario, expone cómo ambas pueden coexistir cuando cada una ocupa su lugar. La medicina se rige por evidencia, protocolos y evaluación constante. La espiritualidad, en su caso, opera como una fuente de fortaleza interior y orientación ética.

Este enfoque ha sido compartido por otros profesionales de la salud que reconocen que el equilibrio emocional del médico también forma parte del cuidado de la vida.

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Una historia que abre conversación

Las declaraciones de Orlando López de Victoria han despertado interés porque visibilizan una dimensión poco abordada del ejercicio médico. Más allá del bisturí y la técnica, su historia refleja cómo algunos profesionales encuentran en la fe una manera de sostenerse frente a la presión diaria de salvar vidas.

La experiencia de este cirujano que invita a Jesús a cada cirugía no promete milagros ni resultados extraordinarios. Muestra, más bien, cómo la ciencia guía las manos mientras la convicción personal sostiene el espíritu en uno de los escenarios más exigentes de la medicina.

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