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La falla de San Andrés alcanza su mayor tensión en mil años y reaviva el temor al Big One

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Un estudio de la Universidad de Hawái encontró niveles de tensión sin precedentes en el sur de California, mientras los sismos recientes en Colombia y Venezuela reavivan la pregunta de siempre sobre el Big One.

El pánico sísmico en la costa oeste de Estados Unidos tiene nombre propio: el Big One. Un estudio reciente encontró que la falla de San Andrés acumula ahora su nivel de tensión más alto en los últimos 1.000 años. La noticia llegó justo cuando los terremotos de Colombia y Venezuela volvieron a poner la palabra megaterremoto en boca de todos, y reavivó una pregunta que ronda California desde hace más de un siglo.

Qué es exactamente el Big One

La sismóloga Lucy Jones, una de las voces más citadas sobre este tema, explica el término de forma directa. En California se usa Big One para describir un sismo de entre magnitud 7,8 y 8 en la falla de San Andrés. No es una fecha ni una profecía. Es un escenario que los sismólogos consideran inevitable a largo plazo, aunque nadie pueda decir cuándo ocurrirá.

El nombre también se usa en otras partes del mundo. Filipinas llama así al sismo que amenaza Manila, y Japón usa una expresión parecida para la fosa de Nankai, cerca de Tokio. En Estados Unidos, sin embargo, el Big One casi siempre remite a un mismo lugar: California.

El estudio que encendió las alarmas

Un equipo de la Universidad de Hawái en Mānoa reconstruyó 1.000 años de historia sísmica en el sur de California. Analizaron excavaciones geológicas y capas de sedimentos desplazadas por terremotos anteriores a los registros instrumentales. El resultado no dejó dudas entre los investigadores.

La geofísica Liliane Burkhard, autora principal de la investigación, lo resumió así. Los niveles de tensión en varios segmentos de la falla están ahora en los valores más altos, o por encima de ellos, registrados en el último milenio. Su colega Rhett Butler explicó que el objetivo del trabajo fue reconstruir con la mayor precisión posible cómo se acumula y se propaga esa energía entre las fallas de San Andrés y San Jacinto.

La investigación identificó un punto especialmente sensible, el Paso de Cajón, donde ambos sistemas de fallas casi se tocan. Según el nivel de presión en cada lado, ese paso puede actuar como freno o como acelerador si una ruptura empieza a moverse de una falla a la otra.

Por qué el sur de California preocupa tanto

El último gran terremoto en el sur de la falla de San Andrés ocurrió en 1857, durante el llamado sismo de Fort Tejón. Han pasado más de 160 años sin una ruptura de magnitud comparable en esa zona. Kate Scharer, sismóloga del Servicio Geológico de Estados Unidos y coautora del estudio, fue clara. Los resultados no representan una alerta inmediata, pero sí confirman una tendencia que preocupa desde hace tiempo.

Casi 18 millones de personas viven expuestas a esta falla, según cifras citadas por la propia investigación. Los estudios geológicos muestran que, en los últimos 1.400 o 1.500 años, los grandes terremotos se repitieron cada 150 años aproximadamente en el tramo sur del sistema. La cuenta, dicen los expertos, ya se pasó hace rato.

Las zonas de California con más riesgo

La falla de San Andrés atraviesa el estado de punta a punta, con una longitud cercana a los 1.200 kilómetros. Marca el límite entre la placa del Pacífico, que se mueve hacia el noroeste, y la placa Norteamericana, que avanza hacia el sureste. Ese roce constante es lo que va acumulando la energía.

Entre las zonas que los sismólogos vigilan más de cerca están San Francisco, Daly City, Palo Alto, Hollister, Palmdale, Desert Hot Springs y Palm Springs. El área metropolitana de Los Ángeles también aparece como una de las más expuestas, por la combinación de cercanía a la falla y densidad de población.

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El terremoto de San Francisco de 1906, uno de los más destructivos en la historia de Estados Unidos, ocurrió en el tramo norte de esta misma falla. Fue la referencia que ayudó a entender por primera vez cómo se mueve realmente el sistema.

La otra falla que también preocupa a los científicos

San Andrés no es el único sistema bajo la lupa. La zona de subducción de Cascadia se extiende unos 1.000 kilómetros bajo el océano, desde el norte de California hasta la isla de Vancouver, frente a las costas de Oregón y Washington. Ahí, la placa de Juan de Fuca se hunde bajo Norteamérica, un proceso capaz de generar terremotos de magnitud cercana a 9 y tsunamis.

El último gran evento en Cascadia ocurrió en 1700, hace más de tres siglos. Distintos modelos geofísicos también han detectado niveles elevados de tensión en ese sistema, aunque las investigaciones sobre Cascadia y San Andrés son independientes entre sí.

Qué tiene que ver Latinoamérica en todo esto

La alarma se reactivó después de los sismos recientes en Colombia y Venezuela, incluido el terremoto que sacudió el Chocó colombiano el 10 de agosto. En lo que va de 2026 se han registrado once terremotos de magnitud 7.0 o superior en distintas partes del mundo, según datos de monitoreo sísmico.

Butler fue claro sobre este punto. Un temblor en América Latina, Asia o cualquier otra región puede enviar ondas sísmicas hasta California, pero eso no significa que vaya a liberar de golpe la tensión acumulada en la falla de San Andrés. Son sistemas independientes. Lo que sí comparten, según los científicos, es el mismo mecanismo de fondo, energía que se acumula durante siglos y que, tarde o temprano, tiene que salir.

Qué pueden hacer las familias hispanas que viven en la zona

California concentra una de las comunidades latinas más grandes de Estados Unidos, especialmente en Los Ángeles y el Área de la Bahía. Los expertos en gestión de riesgos recomiendan revisar el plan familiar de emergencia antes de que ocurra cualquier sismo, no después.

Entre las medidas básicas están tener agua y alimentos no perecederos para varios días, fijar los muebles altos a la pared y acordar un punto de encuentro familiar fuera de casa. También conviene guardar copias de documentos importantes y saber dónde está la llave de paso del gas.

Las autoridades de California recomiendan además registrarse en los sistemas de alerta temprana disponibles en el estado. Esas alertas pueden dar segundos valiosos antes de que llegue la sacudida más fuerte, tiempo suficiente para protegerse bajo un mueble resistente o alejarse de ventanas.

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Lo que sigue mientras la tierra acumula energía

Ningún organismo científico en el mundo puede anticipar la fecha, la hora ni el lugar exacto del próximo gran terremoto. Eso es válido tanto para California como para cualquier otra zona sísmica del planeta, incluidas las ciudades con mayor riesgo de terremoto identificadas por distintos organismos internacionales.

Lo que sí existe es información. Los mapas de amenaza sísmica del Servicio Geológico de Estados Unidos, los códigos de construcción actualizados y los sistemas de alerta temprana se nutren precisamente de estudios como este. Cada nuevo dato sobre la falla de San Andrés ayuda a perfeccionar esos mapas y a preparar mejor a las ciudades que, algún día, sentirán el Big One.

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