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Argentina quiere darle personalidad jurídica a la IA y crear empresas sin humanos

La reforma a la Ley de Sociedades que impulsa Sturzenegger crea sociedades automatizadas y expertos la llaman un laboratorio de impunidad artificial

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Argentina discute una reforma que permitiría crear empresas sin humanos. El proyecto le daría personalidad jurídica a sistemas de inteligencia artificial y abriría la puerta a compañías que funcionan sin trabajadores en relación de dependencia.

La propuesta es parte de una reforma a la Ley General de Sociedades que impulsa Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación del Gobierno de Javier Milei. El texto se discute en comisiones del Congreso.

Varios expertos consultados por la agencia EFE criticaron la idea. Uno de ellos la llamó un laboratorio de impunidad artificial.

Qué son las empresas sin humanos del proyecto

La reforma crea una figura nueva, llamada sociedad automatizada. Son empresas que no necesitan trabajadores en relación de dependencia ni recursos humanos para su operación diaria.

En la práctica, serían compañías manejadas por agentes de inteligencia artificial. Los algoritmos tomarían decisiones que hoy toman gerentes, empleados o socios.

El proyecto también incluye otra figura, la Sociedad Descentralizada Autónoma Operativa, conocida por la sigla DAO. En estas sociedades, las decisiones de gobierno dependen de protocolos que podrían crear los propios agentes de inteligencia artificial.

Cómo funciona una DAO

Una DAO es una organización que funciona con reglas escritas en código. En lugar de un directorio o un gerente, las decisiones se toman con votaciones o con programas que se ejecutan de forma automática.

Estas organizaciones nacieron en el mundo de las criptomonedas. Muchas usan la tecnología blockchain para registrar votos y movimientos de dinero.

El proyecto argentino va un paso más allá. Permite que esos protocolos los creen agentes de inteligencia artificial, lo que acerca la idea de empresas sin humanos a la realidad.

La IA con personalidad jurídica

La parte más polémica es la que da personalidad jurídica a entes autónomos de inteligencia artificial. Eso significa que la ley los reconocería como sujetos con derechos y obligaciones, como hoy pasa con una empresa.

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Además, el texto otorga responsabilidad limitada a las compañías que operan con agentes de IA. Si la empresa causa un daño, responde con su capital.

Según el proyecto, el patrimonio personal de los dueños y las acciones penales siguen siendo posibles si hubo intención de causar daño. El problema, dicen los expertos, es cómo demostrar esa intención cuando la decisión la tomó un algoritmo.

De dónde sale la idea

El proyecto se basa en un trabajo académico de Emiliano Kargieman, fundador y director ejecutivo de Satellogic, una empresa argentina de satélites.

Kargieman planteó la idea de empresas sin humanos, pero con controles. Su propuesta incluía organismos de supervisión, seguros obligatorios, un comité humano de vigilancia y un mecanismo de apagado de emergencia.

Según los expertos consultados por EFE, el proyecto que se discute en Argentina deja fuera esas protecciones. Esa diferencia es el centro de las críticas.

Las críticas de los expertos

Oscar Soria, cofundador de la organización The Common Initiative y especialista en gobernanza e integridad digital, calificó la propuesta como irresponsable y peligrosa. Fue él quien habló de un laboratorio de impunidad artificial.

Maximiliano Firtman, experto en inteligencia artificial, fue más duro. Dijo que la propuesta original de Kargieman ya era poco práctica y llamó delirio a la versión argentina.

Pablo Serdán, abogado especializado en derecho de la inteligencia artificial y poder corporativo, puso el foco en la responsabilidad. Explicó que identificar a los humanos responsables de una decisión tomada por un algoritmo es bastante complejo.

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Las críticas apuntan a un mismo problema. Si una empresa sin humanos causa un daño, las víctimas podrían quedarse sin un responsable claro a quien reclamar.

Qué riesgos ven los especialistas

Las críticas apuntan a varios problemas. Estos son los principales:

  • Falta de un responsable humano claro cuando la IA causa un daño.
  • Dificultad para probar la intención en decisiones tomadas por algoritmos.
  • Ausencia de controles como seguros, supervisión o botón de apagado.
  • Opacidad de los algoritmos, que a veces ni sus creadores entienden por completo.

Los expertos también mencionan un antecedente. El proyecto Próspera en Honduras, una zona especial con reglas propias ligada a inversionistas como Peter Thiel, se cita como ejemplo de estructuras que funcionan fuera de las instituciones democráticas.

Qué dice el Gobierno de Milei

El Gobierno presenta la reforma como parte de su agenda de desregulación. Sturzenegger, desde el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, impulsa cambios para simplificar la creación de empresas y atraer inversiones en tecnología.

La idea de las empresas sin humanos encaja en esa visión de menos regulación y más facilidades para crear compañías.

Por ahora, el proyecto sigue en comisiones. Tendrá que pasar por debates y votaciones antes de convertirse en ley.

Qué pasa en otros países

Ningún país grande reconoce hoy a la inteligencia artificial como una persona jurídica con plenos derechos. La Unión Europea aprobó una ley de IA que se enfoca en regular riesgos, no en darles personalidad a los sistemas.

En Estados Unidos, algunos estados como Wyoming reconocen formas legales para organizaciones autónomas descentralizadas, las llamadas DAO. Pero en esos casos siguen existiendo miembros humanos detrás.

Si el proyecto avanza, Argentina sería uno de los primeros países en permitir empresas sin humanos con personalidad jurídica propia para la IA.

Por qué importa fuera de Argentina

El debate no es solo argentino. La inteligencia artificial ya toma decisiones en bancos, empresas de seguros y plataformas de empleo en toda América Latina.

Si un país abre la puerta a empresas manejadas solo por algoritmos, otros podrían seguir el mismo camino. Por eso el proyecto se sigue con atención en la región. El texto todavía puede cambiar durante el debate en las comisiones y en las sesiones del Congreso argentino.

La pregunta de fondo es quién responde cuando una máquina se equivoca. Esa respuesta, por ahora, no está clara en el texto que discute el Congreso argentino.

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