Un conserje millonario dejó sin palabras a un pequeño pueblo de Vermont, en Estados Unidos. Ronald Read trabajó durante décadas en una gasolinera y luego como conserje en una tienda JCPenney. Murió en 2014, a los 92 años. Dejó una fortuna de casi 8 millones de dólares que nadie a su alrededor conocía.
Según CNBC, en un reportaje del 29 de agosto de 2016, el conserje millonario dejó 4,8 millones de dólares al Brattleboro Memorial Hospital y 1,2 millones a la Brooks Memorial Library. Además, NBC News informó que ambas donaciones son las más grandes en la historia de las dos instituciones. El resto de la herencia quedó para sus hijastros y algunos amigos.
Read murió el 2 de junio de 2014 en Brattleboro, la ciudad donde pasó casi toda su vida. Sin embargo, la noticia de su herencia se conoció en febrero de 2015, cuando su abogada reveló el destino del dinero. Desde entonces, su historia aparece en libros y columnas de finanzas personales como ejemplo de paciencia, ahorro e inversión en acciones de dividendos.
Ronald Read llevaba una vida austera hasta el extremo
Quienes lo conocían jamás sospecharon que tenía dinero. De hecho, según CNN, usaba una gorra de béisbol gastada y una chaqueta caqui de mezclilla que sujetaba con un imperdible. También vestía camisas de franela viejas y manejaba un Toyota Yaris de segunda mano.
Su vida austera incluía la calefacción. Por ejemplo, recogía ramas caídas para alimentar la estufa de leña de su casa, y siguió cortando leña después de cumplir 90 años. “Invertir y cortar leña, era bueno en las dos cosas”, dijo a NBC News su abogada, Laurie Rowell.
La abogada también recordó un detalle sobre el estacionamiento. Read dejaba el auto lejos de su oficina, en un lugar sin parquímetro, para ahorrarse las monedas. Por otro lado, su único lujo era un café y un muffin inglés con mantequilla de maní. Lo pedía en la cafetería del hospital.
Incluso hubo una anécdota reveladora en ese café. Según Rowell, un cliente le pagó el desayuno una vez por su aspecto humilde. En ese momento, aquel hombre ya era un conserje millonario.
Su vida de trabajo empezó en una gasolinera de Vermont
Read nació en 1921 en Dummerston, un pueblo vecino de Brattleboro. Luego fue el primero de su familia en terminar la secundaria, según NBC News. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en el Ejército de Estados Unidos en el norte de África, Italia y el Pacífico, detalló CNBC.
Al volver de la guerra, en 1945, trabajó casi 25 años en una estación de servicio. Allí atendía a los clientes y reparaba autos junto a su hermano. Más tarde, cuando vendieron el negocio, intentó jubilarse, aunque el descanso no le duró mucho.
Según Rowell, no se adaptó bien a la jubilación. Por eso volvió a trabajar, esta vez como conserje y empleado de mantenimiento a medio tiempo en una tienda JCPenney. Finalmente, se retiró en 1997, después de unos 17 años en ese puesto.
El conserje millonario compraba acciones de dividendos y no las vendía
El secreto de Read estaba en la bolsa. Según The Wall Street Journal, citado por CNBC, al morir tenía acciones de al menos 95 empresas, muchas conservadas durante décadas. Entre las que tuvo por más tiempo figuraban Procter & Gamble, JPMorgan Chase, General Electric y Dow Chemical.
Además, al momento de su muerte tenía posiciones grandes en J.M. Smucker, CVS Health y Johnson & Johnson. En general, prefería acciones de dividendos de empresas grandes y conocidas. Es decir, compañías que reparten parte de sus ganancias entre sus accionistas cada cierto tiempo.
Leía The Wall Street Journal todos los días y guardaba los títulos en papel en una caja de seguridad bancaria. Rowell contó a CNN que la caja estaba repleta de certificados de acciones. Según el columnista Barry Ritholtz, la pila medía unas cinco pulgadas, cerca de 13 centímetros.
Su vecino y amigo Mark Richards resumió el método del conserje millonario con una frase. “Seguro que si ganaba 50 dólares en una semana, invertía 40”, afirmó a CNBC.
El interés compuesto hizo el trabajo pesado durante décadas
La fortuna de Read no vino de un golpe de suerte. Más bien, vino de una idea sencilla que se repite durante muchos años. Según Ritholtz, Read solía reinvertir los dividendos en más acciones de las mismas empresas.
Ese mecanismo se conoce como interés compuesto. Primero, una persona invierte un monto. Luego, ese dinero genera ganancias, y esas ganancias también empiezan a generar ganancias. Por ejemplo, 100 dólares que crecen 5 % en un año se convierten en 105. Al año siguiente, el 5 % se calcula sobre 105, no sobre 100, y el total llega a 110,25.
La diferencia parece pequeña al principio. Sin embargo, con 30, 40 o 50 años de por medio, el efecto se vuelve enorme. Las acciones de dividendos ayudaban en ese proceso, porque cada pago compraba nuevas acciones que luego pagaban más dividendos.
“Read no era un operador activo, era un comprador activo”, escribió Ritholtz. En otras palabras, compraba con frecuencia, pero casi nunca vendía. Además, evitaba las empresas tecnológicas y los negocios que no entendía.
Su dinero ya cambió el hospital y la biblioteca de Brattleboro
La donación tuvo efectos concretos. Según VTDigger, en octubre de 2017 los reguladores de Vermont aprobaron una ampliación de 22,7 millones de dólares en el Brattleboro Memorial Hospital. El nuevo edificio de cuatro pisos lleva su nombre, Ronald Read Pavilion. El proyecto contemplaba quirófanos más amplios y un área de rehabilitación cardíaca.
Por su parte, la biblioteca recibió su mayor herencia desde 1886, cuando George J. Brooks financió su creación, según CNN. La directora de la biblioteca, Starr LaTronica, comentó a CNBC que la herencia fue el tema del que hablaba todo el pueblo.
En el hospital, la reacción fue parecida. Gina Pattison, directora de desarrollo del Brattleboro Memorial Hospital, explicó a la televisora WCAX que la herencia fue una gran sorpresa. Read desayunaba allí casi todos los días, sentado en la misma silla del mostrador.
La historia del conserje millonario también tiene limitaciones
El caso de Ronald Read inspira, pero no garantiza nada. Para empezar, invirtió durante décadas en un mercado estadounidense que creció mucho en ese periodo. Los rendimientos pasados no aseguran rendimientos futuros, y ninguna acción está libre de riesgo.
De hecho, Read también perdió. Según Ritholtz, tenía acciones de Lehman Brothers, el banco que quebró en 2008, aunque ese golpe tuvo un efecto modesto en su fortuna total. Por otro lado, su vida austera tuvo un costo personal que pocos estarían dispuestos a pagar.
Tampoco existe un registro público completo de cuánto invirtió cada año ni de qué rendimiento obtuvo. Por eso, su historia sirve como ilustración del interés compuesto y no como una fórmula para copiar al pie de la letra.
En América Latina el ahorro suele tomar otros caminos
La historia recuerda a la de Hetty Green, la llamada “bruja de Wall Street”, otra fortuna escondida detrás de una vida austera. Sin embargo, el caso de Read tiene un matiz distinto, porque nunca tuvo un sueldo alto. Trabajó en oficios de salario modesto y aun así acumuló una fortuna.
En muchos países de América Latina, el ahorro familiar suele ir por otras vías. Por ejemplo, son comunes las tandas en México, las natilleras en Colombia o las juntas en Perú. También es frecuente guardar dinero en efectivo, en dólares o en ladrillos, es decir, en vivienda.
En cambio, invertir en la bolsa todavía es poco habitual para muchas familias de la región. Además, la inflación y la inestabilidad económica de algunos países cambian por completo el cálculo. Mientras tanto, millones de latinos en Estados Unidos tienen acceso a los mismos mercados que usó el conserje millonario de Vermont.
Si quieres ver el efecto del interés compuesto con tus propios números, hay una opción gratuita. La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) ofrece una calculadora en su sitio Investor.gov. Allí puedes ingresar un monto inicial, un aporte mensual, una tasa estimada y un plazo en años. La herramienta está en inglés y no constituye una recomendación de inversión.
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Fuente: CNBC

