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En este pueblo de Noruega está prohibido morir y no se entierran cuerpos desde 1950

En Longyearbyen el permafrost conserva los cadáveres, y allí siguen bajo el hielo siete mineros que murieron por la gripe de 1918

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En Longyearbyen, el pueblo más grande del archipiélago noruego de Svalbard, se dice que está prohibido morir desde 1950. Ese año dejaron de enterrar cuerpos en su cementerio porque el permafrost, el suelo congelado del Ártico, impide que se descompongan. Hoy viven allí cerca de 2.500 personas, a unos 1.300 kilómetros del Polo Norte.

Según el reglamento noruego sobre cementerios de Longyearbyen, vigente desde el 15 de febrero de 2008, en el pueblo solo caben tumbas de urnas con cenizas. El texto también deja claro que no autoriza las tumbas con ataúd. Además, solo tienen derecho a esa tumba quienes vivían en Svalbard al momento de morir.

Sin embargo, no existe una ley que castigue a alguien por fallecer allí. “No está prohibido morir en Longyearbyen”, aseguró Jovna Z. Dunfjell, de la Iglesia de Svalbard, a la revista Mental Floss en noviembre de 2018. La religiosa también preguntó, con lógica, cómo podría castigarse algo así.

El permafrost impide que los cuerpos se descompongan en Longyearbyen

El viejo cementerio de Longyearbyen recibió entierros normales entre 1918 y 1950, según la publicación especializada Polar Journal. Después de esa fecha, las familias empezaron a trasladar a sus muertos al continente noruego. La razón principal tiene que ver con el permafrost, que mantiene el suelo congelado casi todo el año.

De hecho, el frío extremo frena la descomposición de los cuerpos. Por otro lado, el hielo del suelo se expande y se contrae con los cambios de temperatura. Por eso, el documento del Gobierno noruego que preparó el reglamento de 2008 advertía que la escarcha podía empujar hacia la superficie los objetos enterrados. Esa misma fuerza obliga a construir las casas sobre pilotes y las tuberías por encima del suelo.

El cementerio original quedó cerrado para uso regular en 2017 por el riesgo de deslizamientos de tierra. El sacerdote Leif Magne Helgesen lo definió entonces como un lugar de paz y dignidad para el pueblo. Luego, la Iglesia de Svalbard pidió permiso para abrir un nuevo espacio, también solo para urnas, cerca del templo.

Las víctimas de la gripe de 1918 siguen bajo el hielo de Svalbard

La historia más inquietante del cementerio empezó en septiembre de 1918. Ese mes llegó un barco con mineros noruegos, y siete de ellos murieron poco después por la gripe de 1918. Los enterraron juntos en una fosa común que todavía conserva sus nombres.

Ochenta años más tarde, en 1998, la investigadora canadiense Kirsty Duncan, que años después fue ministra de Ciencia de Canadá, dirigió una expedición internacional para exhumar esos cuerpos. Primero, el equipo usó un radar para ubicar las tumbas. Luego encontró algo inesperado, ya que los ataúdes estaban a solo unos 30 centímetros de profundidad. Es decir, quedaban en la capa que se congela y se descongela cada año.

Aun así, los científicos detectaron fragmentos del material genético del virus, sobre todo en tejido cerebral, según la John Snow Society. En cambio, no recuperaron un virus activo. “No es un virus activo y no se considera una amenaza”, explicó Terje Carlsen, asesor de comunicación del Gobierno de Svalbard. Por lo tanto, el temor a un rebrote de la gripe de 1918 no tiene base científica, según Polar Journal.

En Longyearbyen está prohibido morir en la práctica por falta de servicios

El mito de que está prohibido morir nace, sobre todo, de las limitaciones médicas del pueblo. El hospital de Longyearbyen depende del Hospital Universitario del Norte de Noruega, con sede en Tromsø. Según su propia página, no tiene sala de partos y en cirugía solo ofrece estabilización para salvar vidas.

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Por eso, los pacientes con problemas graves viajan en ambulancia aérea a Tromsø. El hospital también señaló que esos traslados dependen del clima y de los aviones disponibles. Del mismo modo, las mujeres embarazadas viajan al continente dos o tres semanas antes de la fecha del parto, según la revista noruega Klikk.

Además, el pueblo no tiene residencias de ancianos ni servicios de cuidado prolongado. Por ese motivo, los adultos mayores o los enfermos terminales que necesitan atención diaria suelen mudarse al continente. Aunque nadie los obliga por ley, en la práctica casi nadie pasa sus últimos días allí.

Los osos polares y la noche polar marcan la vida diaria

Un dato muy repetido dice que en Svalbard hay más osos polares que personas. Sin embargo, la cifra exige matices. El Instituto Polar Noruego contó cerca de 250 osos polares en la zona noruega en 2015. En cambio, la población completa del mar de Barents, compartida con Rusia, rondaba los 2.650 ejemplares en 2004.

Por otro lado, la amenaza es real. La ley ambiental de Svalbard exige que toda persona que salga de los pueblos lleve medios para ahuyentar a los osos polares. El Gobierno de Svalbard, además, recomienda llevar un arma de fuego. Por eso, el supermercado, los hoteles y varios bares tienen casilleros para guardar rifles, según Visit Svalbard.

La luz también es extrema. El sol de medianoche dura del 19 de abril al 23 de agosto, según la oficina de turismo. Luego llega la noche polar, con oscuridad total entre el 14 de noviembre y el 29 de enero. Finalmente, el sol vuelve a tocar el pueblo cada 8 de marzo, fecha que los vecinos celebran con la Semana del Sol.

El Tratado de Svalbard permite vivir allí sin visa, pero no sin dinero

El Tratado de Svalbard se firmó en París el 9 de febrero de 1920 y entró en vigor en 1925. Este acuerdo reconoce la soberanía de Noruega, pero da a los ciudadanos de los países firmantes el derecho a vivir y trabajar en las islas. Hoy lo integran 49 países, entre ellos España y Estados Unidos.

En América Latina, el Tratado de Svalbard incluye a cuatro países. Argentina y República Dominicana se sumaron en 1927, mientras que Chile y Venezuela lo hicieron en 1928. En cambio, México, Colombia y Perú no figuran en la lista. Aun así, el Gobierno de Svalbard afirmó que ningún extranjero necesita visa ni permiso de trabajo noruego para ir a las islas.

Eso sí, hay condiciones claras. Toda persona debe demostrar que puede mantenerse por sus propios medios, y las autoridades pueden rechazar a quien no lo logre. También recomiendan llegar con empleo y vivienda asegurados, porque la mayoría de las casas pertenece a las empresas. Por último, vivir allí no cuenta para obtener la residencia en el resto de Noruega.

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Para un argentino, un chileno o un español, mudarse al pueblo donde está prohibido morir resulta legalmente sencillo. El reto real es el costo de vida y la falta de ayudas sociales. De hecho, la salud pública y las prestaciones quedan reservadas a noruegos y a empleados de empresas noruegas.

Longyearbyen guarda la Bóveda Global de Semillas y gente de 66 países

La población de Svalbard llegó a 2.904 personas el 1 de enero de 2026, según Estadísticas Noruega. De ellas, 2.512 vivían en Longyearbyen y Ny-Ålesund. Además, la oficina detalló que conviven 66 nacionalidades y que la estadía media ronda los tres años y medio.

Cerca del aeropuerto funciona la Bóveda Global de Semillas, que Noruega inauguró en febrero de 2008. Hasta el 31 de diciembre de 2025 guardaba 1.378.238 muestras de semillas a 18 grados bajo cero, según el centro nórdico NordGen. En su depósito de febrero de 2025 participaron Embrapa, de Brasil, y el CATIE, de Costa Rica. “La bóveda tiene que ver con la seguridad alimentaria de nuestro mundo”, dijo Hanne-Berit Brekken, secretaria de Estado noruega.

Visitar Longyearbyen exige pasaporte y planear las salidas con guía

Si quieres conocer el pueblo donde está prohibido morir, primero debes volar a Oslo o a Tromsø, desde donde salen los vuelos a Svalbard. Lleva tu pasaporte, porque hay controles de identidad. Si tu país necesita visa Schengen, pide una de doble entrada, ya que el viaje sale y vuelve por territorio noruego.

Una vez allí, no salgas del pueblo por tu cuenta sin protección contra osos polares. Lo más práctico es contratar excursiones organizadas, que están exentas de esa exigencia. Si buscas el sol de medianoche, viaja entre finales de abril y agosto; para la noche polar y las auroras, entre noviembre y enero.

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Fuente: Lovdata, reglamento sobre cementerios de Longyearbyen

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