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El Niño ya no es una previsión y la Organización Meteorológica Mundial le da casi cien por ciento de probabilidad de durar hasta febrero

El índice que mide el calentamiento del Pacífico central alcanzó anomalías de hasta 2,6 grados y el organismo de la ONU sitúa el episodio en la categoría de muy fuerte.

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El fenómeno El Niño dejó de ser una previsión hace meses. Lo nuevo es la magnitud: la Organización Meteorológica Mundial, el organismo de Naciones Unidas que coordina los servicios meteorológicos del planeta, actualizó su lectura y lo sitúa en una fase muy fuerte, con una probabilidad cercana al cien por ciento de mantenerse al menos hasta febrero de 2027.

QPASA venía siguiendo este episodio desde mayo, cuando todavía era una probabilidad, y desde junio, cuando la agencia estadounidense NOAA lo declaró oficialmente iniciado. La diferencia ahora está en los números.

Qué dicen las cifras del fenómeno El Niño

El indicador de referencia se llama índice Niño 3.4 y mide la temperatura del agua superficial en una franja del Pacífico central ecuatorial. Es la vara con la que los organismos meteorológicos clasifican la intensidad del episodio.

Entre finales de julio y mediados de agosto, ese índice registró anomalías semanales de entre 2,2 y 2,6 grados Celsius por encima de lo normal. Para dar contexto: un episodio se considera fuerte a partir de 1,5 grados, así que estas lecturas están claramente por encima de ese umbral.

Hay un segundo dato, menos citado y más revelador. Bajo la superficie del océano, en determinadas zonas, la temperatura llegó a superar en más de 8 grados lo habitual. Ese calor subsuperficial funciona como un depósito: es la reserva de energía que alimenta el episodio y lo que explica que los pronósticos le den tanta persistencia.

De acuerdo con la cobertura de esta actualización, se trata del primer episodio intenso del Pacífico oriental desde finales de los años noventa.

Qué regiones enfrentan más riesgo de inundaciones

La Organización Meteorológica Mundial identifica un mapa desigual, porque El Niño no produce el mismo efecto en todas partes.

En Sudamérica, el riesgo de lluvias intensas e inundaciones se concentra en el litoral y el noreste de Argentina. En Chile y Perú ya se registran episodios de lluvia y nieve por encima de lo habitual. También figuran entre las zonas de riesgo el Cuerno de África y parte del Caribe.

Estas proyecciones son estacionales y regionales. No equivalen a un pronóstico local: el organismo advierte que los efectos dependen de la región, de la época del año y de otros factores que actúan al mismo tiempo. Nadie puede decir hoy que una ciudad concreta se va a inundar en una fecha concreta, y quien lo afirme está inventando.

Dónde el riesgo es el contrario

En el otro extremo del mapa está la sequía. La OMM señala riesgo de déficit de lluvias en Centroamérica, con Guatemala, Honduras y El Salvador entre las zonas más expuestas, además del sur y el este de África e Indonesia, donde se anticipa un adelanto de la temporada de incendios.

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Ese punto tiene una implicación económica que trasciende a la región. Una sequía prolongada en Centroamérica afecta al Canal de Panamá, que depende de agua dulce para llenar sus esclusas. Cuando el nivel de los lagos baja, la autoridad del canal reduce el número de tránsitos diarios y el calado permitido de los buques.

Eso se traduce en menos carga por barco, más días de espera y fletes más caros en rutas que conectan Asia con la costa este de Estados Unidos y con buena parte de América Latina. El episodio de restricciones de hace unos años dejó ese mecanismo bastante claro.

Por qué el bolsillo lo nota antes que el termómetro

Para la mayoría de la gente, El Niño no llega como una noticia meteorológica sino como un precio. La cadena es razonablemente directa y vale la pena entenderla.

El calentamiento del Pacífico altera las corrientes frente a la costa de Perú y Ecuador, lo que desplaza los bancos de peces y golpea a la pesca. En Ecuador ya se reporta presión sobre el precio del pescado en zonas costeras.

Al mismo tiempo, el exceso de lluvia en unas zonas y la falta en otras afecta a cosechas de maíz, café, caña y arroz. Y cuando una cosecha se pierde o se retrasa, el efecto aparece en el supermercado con semanas o meses de diferencia, no al día siguiente.

Por eso la ventana que marca la OMM, hasta febrero de 2027, importa tanto. Cubre la temporada de lluvias del verano austral y el ciclo de siembra de buena parte de Sudamérica.

Qué se sabe y qué no

Conviene marcar la frontera con claridad, porque este es un tema donde la desinformación circula con facilidad.

Lo que está establecido: el episodio existe, el índice Niño 3.4 está en valores altos, el calor subsuperficial es considerable y la OMM le da una probabilidad cercana al cien por ciento de persistir hasta febrero de 2027.

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Lo que no está establecido: qué va a pasar en cada ciudad, qué día y con qué intensidad. Las proyecciones estacionales trabajan con probabilidades sobre regiones amplias y periodos de meses, no con pronósticos puntuales.

Tampoco corresponde presentar este episodio como el más fuerte de la historia. Algunos titulares han usado esa fórmula, pero el encuadre del organismo es más medido: habla de una fase muy fuerte, que no es lo mismo que un récord absoluto.

Cómo distinguir una alerta real de una cadena de WhatsApp

Cada episodio de El Niño viene acompañado de una ola paralela de contenido falso. Suele reconocerse por tres rasgos.

El primero son las imágenes. Las fotografías de inundaciones que circulan estos días corresponden con frecuencia a eventos de años anteriores o de otros países. El segundo son las fechas exactas: ningún organismo serio anuncia que va a llover torrencialmente en una ciudad determinada dentro de tres meses. Y el tercero es la ausencia de fuente: las alertas legítimas las emiten los servicios meteorológicos nacionales y los organismos de gestión de riesgo de cada país, con nombre y comunicado.

Los servicios meteorológicos nacionales son, además, los únicos que pueden traducir una proyección regional en una alerta local. La OMM marca el marco general; quien avisa de que hay que evacuar una quebrada es la autoridad del país.

El siguiente punto de control llega con las actualizaciones periódicas del boletín sobre el estado del Pacífico, que es donde se verá si el episodio alcanza su pico en el verano austral o empieza a ceder antes de lo previsto.

QPASA cubrió las dos fases anteriores de este mismo episodio: cuando todavía era una probabilidad, en mayo, y cuando la NOAA lo declaró oficialmente iniciado, en junio.

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