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Comer de noche se asocia con hasta 30 % más riesgo de hígado graso y cirrosis

Un estudio con casi 200.000 personas en Estados Unidos encontró la relación en quienes comían después de la cena o cerca de la hora de dormir

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Comer de noche, ya sea después de la cena o cerca de la hora de dormir, se asoció con un riesgo entre 20 % y 30 % mayor de enfermedad del hígado en un estudio con casi 200.000 personas. El análisis encontró esa relación con el hígado graso y también con la cirrosis.

La revista científica Clinical Gastroenterology and Hepatology publicó el trabajo en octubre de 2026. Según un comunicado de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón (OHSU) del 9 de octubre, el autor principal es el hepatólogo Robert Wilechansky, especialista en trasplante de hígado. Además, participaron investigadores del Hospital General de Massachusetts.

El hígado graso afecta hasta al 30 % de la población de Estados Unidos, según OHSU. Por eso, los investigadores buscan hábitos sencillos que puedan bajar el riesgo. En este caso, la pregunta no era qué come la gente, sino a qué hora lo hace.

Comer de noche se vinculó con más hígado graso y cirrosis

El equipo comparó a quienes comían con regularidad después de cenar o cerca de acostarse con quienes evitaban hacerlo. En el primer grupo, el riesgo de enfermedad del hígado fue entre 20 % y 30 % mayor. Además, el aumento apareció en las dos condiciones que analizaron.

La primera es la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida por su sigla en inglés MASLD. Es decir, el nombre técnico actual del hígado graso, que aparece cuando se acumula exceso de grasa en ese órgano. Hasta 2023, los médicos la llamaban hígado graso no alcohólico, según la revista Medical Economics.

La segunda es la cirrosis. En pocas palabras, el tejido sano del hígado se reemplaza por cicatrices y el órgano pierde parte de sus funciones. Por eso, la cirrosis es la forma más grave de las dos.

“Algunos estudios ya habían insinuado esta idea, pero este es uno de los primeros análisis a largo plazo que establece de forma explícita la conexión con el hígado graso”, dijo Wilechansky en el comunicado de OHSU.

El estudio siguió a enfermeras y profesionales de la salud de Estados Unidos

Los investigadores no reclutaron voluntarios nuevos. En cambio, usaron datos de tres grandes estudios de salud de Estados Unidos:

  • Nurses’ Health Study.
  • Nurses’ Health Study II.
  • Health Professionals Follow-up Study.

Los participantes respondieron cuestionarios sobre sus hábitos de alimentación, sus rutinas diarias y su estilo de vida. Luego, el equipo agrupó a las personas según el momento en que solían comer y separó a quienes tenían el hábito de comer de noche. Finalmente, cruzó esos horarios con los casos de hígado graso y cirrosis que reportaron.

El sitio de divulgación ScienceAlert, que revisó el artículo, informó que el seguimiento tuvo una mediana de 16 años. Es decir, la mitad de los participantes estuvo en observación durante 16 años o más. Según ese mismo medio, hubo 315 casos de cirrosis en todo el grupo.

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El hígado funciona con un reloj interno

La explicación que proponen los autores tiene que ver con el ritmo circadiano. Este es el reloj interno de unas 24 horas que regula el sueño, el hambre y muchas funciones del cuerpo. Así, al comer de noche, cuando el organismo se prepara para dormir, ese reloj podría alterar la forma en que el hígado procesa los alimentos.

“Sabemos que el hígado está muy sintonizado con los ritmos circadianos del cuerpo”, explicó Wilechansky. “Por eso nos interesa cambiar el horario de las comidas de una forma que pueda marcar una diferencia en la salud, sin cambiar la composición de lo que la gente come”, agregó.

El coautor Andrew McHill, profesor asociado de OHSU y especialista en sueño y ritmo circadiano, coincidió con esa idea. “Vemos una y otra vez que el horario de los comportamientos, ya sea dormir, comer o hacer ejercicio, realmente importa”, señaló.

McHill también recordó trabajos previos de su grupo. “Por ejemplo, hemos demostrado que comer durante la noche, cuando el reloj biológico interno favorece el sueño, reduce la capacidad del cuerpo para metabolizar los alimentos con eficiencia y con el tiempo puede llevar a obesidad, diabetes y ahora a una mala salud del hígado”, sostuvo.

Los autores sugieren no comer de noche y dejar varias horas antes de dormir

El mensaje práctico del estudio es sencillo. “Aun así, la gran conclusión es que limitar el consumo de calorías a varias horas antes de dormir podría ser beneficioso”, afirmó Wilechansky.

Sin embargo, el comunicado no fija un número exacto de horas. La idea es respetar el ritmo circadiano y dar al hígado más tiempo entre la última comida y la hora de acostarse. Tampoco dice qué tipo de comida pesa más en el riesgo.

En el artículo científico, los autores resumieron su aporte así: “Nuestros hallazgos se suman a la creciente literatura que vincula los patrones de alimentación al final de la noche con efectos metabólicos y hepáticos adversos”.

El estudio no prueba que comer de noche cause la enfermedad

Este es un estudio observacional. En otras palabras, los investigadores midieron hábitos y resultados de salud sin cambiar nada en la vida de los participantes. Por eso, el trabajo muestra una asociación, pero no demuestra que comer de noche cause hígado graso o cirrosis.

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Además, los datos dependen de lo que cada persona contó sobre sus horarios. Según OHSU, esas descripciones eran bastante amplias, sin horas exactas. Por otro lado, quienes cenan tarde podrían tener otros hábitos que también influyen en el hígado, y un estudio observacional no siempre logra separar todos esos efectos.

Wilechansky también pidió poner el riesgo en perspectiva. “Es importante recordar que, de las personas que desarrollaron hígado graso, solo una pequeña fracción desarrolla formas graves de la enfermedad, como la cirrosis hepática”, aclaró. De hecho, los 315 casos de cirrosis reportados por ScienceAlert son pocos frente a casi 200.000 participantes.

Los hispanos tienen la mayor prevalencia de hígado graso en EE. UU.

Este dato importa para los lectores latinos. Según el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de EE. UU. (NIDDK), los hispanos tienen la prevalencia más alta de hígado graso en ese país. Después siguen las personas blancas no hispanas y las asiático-estadounidenses.

El NIDDK estima que cerca del 24 % de los adultos de EE. UU. tiene esta condición. También aclara que la mayoría tiene la forma leve, que por lo general no daña el hígado. Estos son los principales factores de riesgo que menciona el instituto:

  • Obesidad.
  • Diabetes tipo 2. Entre un tercio y dos tercios de estas personas tienen hígado graso, según el NIDDK.
  • Síndrome metabólico, presión alta y niveles anormales de colesterol o triglicéridos.
  • Edad, porque el riesgo aumenta con los años.

Así, el horario de las comidas se sumaría a esos factores de riesgo, aunque todavía falta confirmarlo con experimentos.

Un nuevo estudio de OHSU medirá si comer más temprano mejora el hígado

El siguiente paso ya está en marcha. Wilechansky participa en un ensayo clínico de OHSU que busca voluntarios. Un ensayo clínico es un estudio en el que los investigadores cambian algo de forma controlada y miden el resultado.

En este caso, el equipo vigilará de forma directa los horarios de comida de personas que ya tienen hígado graso. Luego, comprobará si comer más temprano produce mejoras medibles en el hígado. A diferencia de un estudio observacional, este ensayo clínico sí podría mostrar causa y efecto.

OHSU tiene su sede en Portland, Oregón. No obstante, el comunicado no detalla los requisitos para participar ni si aceptan personas fuera de Estados Unidos. Por su parte, la Fundación de la Asociación Estadounidense para el Estudio de las Enfermedades del Hígado financió el análisis publicado.

Un horario más temprano es un cambio fácil de probar en casa

Mientras llegan más resultados, la sugerencia de los autores no tiene costo. Consiste en terminar la última comida varias horas antes de dormir y evitar comer de noche. Además, no exige cambiar lo que comes, solo el reloj.

Si tienes obesidad, diabetes tipo 2 u otros factores de riesgo, lo más útil es consultar con un médico antes de hacer cambios grandes. Él puede indicar si necesitas exámenes del hígado.

El artículo científico se titula “Late-Night Eating is Associated with MASLD and Cirrhosis” y está en Clinical Gastroenterology and Hepatology con el código DOI 10.1016/j.cgh.2026.09.047. Entre sus coautores figuran Tracey G. Simon y Andrew T. Chan, del Hospital General de Massachusetts.

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