Así ha cambiado la forma como utilizamos el transporte público

Viajar en transporte público era antes algo que muchas personas debíamos hacer diariamente hasta dos o tres veces por día. En los diferentes medios encontrábamos estudiantes adormilados, padres con hijos y todo tipo de personas que se desplazaban a sus trabajos. Sin ser conscientes de ello, compartíamos el aire y partículas de fluidos con los demás pasajeros, es por eso por lo que, desde que comenzamos a escuchar la palabra <coronavirus> en las noticias, los viajes en transporte público han cambiado significativamente.

Al inicio de la pandemia las autoridades sanitarias hacían recomendaciones de evitar salir a las calles, porque el riesgo de contraer el virus cada día aumentaba. Después, con la medida de cuarentena obligatoria, muchas ciudades del mundo vieron como sus medios de transporte se quedaban vacíos y se limitaban a llevar a unas pocas personas al día.

Ahora, con todos los cambios que ha hecho la sociedad, los proveedores de transporte deben hacer frente a esta nueva normalidad y su impacto. Los trabajadores del sector de transporte han sufrido grandes pérdidas económicas o despidos porque las empresas han tenido que reducir su personal y ajustar sus horarios y necesidades a las demandas actuales.

Anteriormente, si queríamos tener una idea de la diversidad humana, lo único que debíamos hacer era viajar en un medio de transporte público concurrido. Pero, en los últimos meses, las ciudades han estado lidiando con el problema de contener a los residentes para reducir la propagación del virus y aún brindar servicios a la población.

La respuesta ha variado en diferentes lugares, esto depende de la progresión del virus y la velocidad de transmisión. Un consejo constante incluye lavarse las manos con frecuencia, pero esto no es tan fácil cuando a menudo no hay instalaciones de higiene ni en los trenes ni en las estaciones. Las autoridades también instan a todas las personas a que practiquen medidas de distanciamiento social, igualmente difíciles de cumplir en el transporte abarrotado de las horas pico.

Ahora, muchas personas tienen la oportunidad de trabajar desde sus casas y han reducido considerablemente la necesidad de usar los transportes públicos de la ciudad.

En muchos países del mundo los medios de transporte ahora cuentan con una capacidad reducida y con controles de todo tipo que pretenden mantener a raya el esparcimiento del virus. Uno de los ejemplos más impactantes es el caso de China, donde las personas deben adquirir un código QR de salud pública a través de WeChat.

El código requiere nombre, número de identidad nacional y una credencial de reconocimiento facial. Así, cada vez que los ciudadanos usan el transporte público, deben mostrar sus códigos en los puntos de control. Con este sistema, las autoridades separan a las personas en tres categorías que se ven representadas por colores.

Aquellos con un código verde pueden moverse libremente. Aquellos con códigos amarillos o rojos deben ponerse en cuarentena o someterse a supervisión médica.

En ese país más de 200 ciudades han adaptado el mencionado sistema y parece que, funciona bien.

Por otro lado, en otras ciudades no se han implementado sistemas tan elaborados, pero si se han establecido medidas obligatorias como el uso de máscaras faciales y distanciamiento social con demarcaciones.

En mi ciudad, una ciudad pequeña que se encuentra en el corazón de Colombia, los medios de transporte cuentan con cintas amarillas de precaución que evitan que las personas se sienten una al lado de la otra.

Pero, a pesar de que las medidas son variadas alrededor del mundo dependiendo de los recursos que disponga la ciudad y de la cantidad de habitantes de esta, algo que es una constante compartida en todos los lugares del mundo, es el miedo.

Muchas personas temen usar los medios de transporte porque piensan que es un sitio donde los contagios se producen fácilmente.

En muchos casos, las personas optan por usar medios de transporte públicos individuales como taxis o Uber o por usar bicicletas o simplemente caminar cuando las condiciones lo permiten.

Esto es algo que definitivamente ha golpeado a los trabajadores de este sector, sin embargo, no es una idea viable pensar que todas las personas del mundo contarán con los recursos necesarios para comprar un medio de trasporte independiente como automóviles, y a medida que más personas regresen a sus trabajos, los medios de transporte públicos irán recuperando su afluencia y seguramente veremos adaptaciones que permitan que las personas se sientan seguras haciendo uso de ellos.  

La evidencia económica sugiere que la reducción de la accesibilidad probablemente aumente el desempleo, debilite el acceso a las oportunidades y perjudique la productividad urbana en general. Por lo tanto, los gobiernos se enfrentan a un desafío muy difícil donde deben proteger la supervivencia del transporte público y, al mismo tiempo, garantizar una movilidad segura durante el COVID-19.

Para muchas ciudades en desarrollo, este es un buen momento para rediseñar sus sistemas, lo que será una parte fundamental para revivir la confianza del consumidor entre los pasajeros que pueden temer compartir el espacio público con otros. También podría ayudar a asegurar su viabilidad a largo plazo.

Las personas siempre elegirán los servicios que ofrezcan la mejor confiabilidad, costo, comodidad y sobre todo seguridad. El transporte público seguramente deberá estar listo para cuando el mundo recupere su movimiento. Así que podemos esperar más cambios en este sector, pero, puede que muchos de ellos sean cambios positivos para el progreso y para cada uno de nosotros.

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